lunes, 2 de noviembre de 2015

Contemplando la Sénia... a vista de águila

Hace un año, en noviembre de 2014, publiqué en este blog: La Sénia. El "Reine" als peus... Catalunya a l'esquena. Se trataba de una sencilla excursión por ese pueblo limítrofe del Montsià, que discurría paralela al río Sénia: un primer tramo por Catalunya y el regreso por la Comunidad Valenciana.

Si os acordáis de la descripción de la ruta, cuando estábamos por la parcela de frutales de mi padre, puse una foto que aparecía, por encima de la copa de los árboles, unas montañas las cuales nombré como la Lloma de la Tossa:

La Lloma de la Tossa sobresale por encima los frutales (octubre de 2014)

Si nos fijamos con la anterior imagen: a la izquierda, tenemos una cima redondeada llamada la Tossa (que da nombre a toda la loma) y, a la derecha, se recorta un pico prominente: es la Penya de l'Àliga.

La Lloma de la Tossa es una sucesión montañosa ubicada al norte de la provincia de Castellón, dentro del Parque Natural de la Tinença de Benifassà y englobada dentro del massís dels Ports. Su carena delimita los términos municipales de Rossell y la Pobla de Benifassà. Tiene una disposición W-E, perdiendo altura progresivamente hacia al Este. Tenenos las siguentes cumbres (de Oeste a Este): la Creu (1130 m), la Mola de les Canals (1011 m), la Moleta del Terme (944 m), la Tossa (865 m) y la Penya de l'Àguila (796 m).

Topográfico de la Lloma de la Tossa, la Sénia al SE (clicad para ampliar). 1:50000 ICC

Como podemos ver, la cima de menor altitud de esta sierra es la Penya de l'Àguila (también conocida como la Tossa de Sant Pere, al tener a sus pies la fuente de igual nombre).Pero su picuda forma y la caída abrupta sobre el río Sénia, la dotan de un atractivo especial. De hecho, fue mi padre quien me la descubrió desde su parcela de frutales, me dijo: "Humbert, mira esa puntiaguda cima... desde ella se debe ver la Sénia de forma inmejorable".

El autor de mis días no conocía el nombre de esa cúspide y no sabía si existía un recorrido para poder subirla... me reconoció que él ya no tenía fuerzas para intentar coronarla. Por eso, desde entonces, me propuse conocer más sobre esa cumbre e intentar llegar a su cima para poder describirle sus vistas... para poder transmitirle las sensaciones que se tienen cuando uno mira a la Sénia, con los pies colgando de tan privilegiada atalaya.

Penya de l'Àguila (al centro) desde la carretera CV-105 saliendo de la Sénia

¿Queréis saber un secreto?

Cuando hice la excursión del año pasado, mi intención no era hacer la ruta que finalmente publiqué. Mi deseo era subir a la Penya de l'Àguila desde la cara sur de la Lloma de la Tossa, por un directo barranco que baja hasta el pont de Malany. Cuál fue mi desesperante sorpresa cuando vi que gran parte de la vertiente sur de la loma está cercada por una colosal y quilométrica alambrada que llega hasta la misma carena... después de intentar el ascenso por tres vías desistí y terminé la ruta dignamente y como buenamente pude...

Cerco extensivo ya en la carena de la Lloma de la Tossa

¡Pero no me rendí! Estudié, de nuevo, la cartografía de la zona y me empapé de ortofotomapas hasta que intuí una posible ruta por la cara norte de la Lloma de la Tossa, saliendo cerca de la Cova dels Rosegadors, a los pies del Pantano de Ulldecona.

Volví a calzarme la botas y, por fin, este pasado 22 de octubre ¡pude llegar a la Penya de l'Àguila!, por fin, pude subir a tan ansiada cumbre... por fin, pude ver -¡a "vista de rapaz"!- la blanca estampa de ese bello pueblo de mi padre.

Aquí os dejo mi experiencia:


Cova dels Rosegadors - Penya de l'Àguila - Cova dels Rosegadors

Plano general de la ruta (clicad encima para ampliarlo)

  • Tipo de ruta: Ida y vuelta
  • Tiempo: 2 horas 15 minutos (en total)
  • Distancia: 7 kilómetros (en total)
  • Desnivel: +376 metros, -376 metros 
  • Dificultad: Baja-media. Se trata de una ruta de poca distancia, pero presenta pendientes puntualmente abruptos y tramos perdedores 
  • Meteorología: Evitar los días de mala visibilidad 
  • Agua: No hay en todo el recorrido 
  • Equipamiento: Calzado y ropa cómoda (acorde con la época del año), protección solar, cantimplora con agua, brújula, mapa, móvil, prismáticos... 

Muy importante: La Tinença de Benifassà es un parque natural, recordad que hay unas normas y recomendaciones que se deben cumplir y que podéis consultar en la Web Parc Natural dels Ports.


Aproximación:

Desde el Ayuntamiento de la Sénia, vamos siguiendo todos los indicadores que nos llevan al Parc Natural de la Tinença de Benifassà o al Embassament.

Finalmente saldremos del núcleo urbano por la carretera local CV-105. Después de una recta, bajaremos hasta cruzar por un estrecho puente el río Sénia (el Pont de Malany) aquí entramos ya a la Comunidad Valenciana. La carretera sigue por una sombreada zona arbolada. Llegada a una curva, pasaremos bajo un pequeño acantilado, es la Roca del Frare Pixon, desde aquí veremos altiva la Penya de l'Àguila.

Roca del Frare Pixon desde la CV-105. Al fondo la Penya de l'Àguila
Pronto pasaremos per la Font de Sant Pere y, un poco más adelante, veremos un camping. La carretera ahora, cruza el río a la otra ribera. Seguimos unos quilómetros, sin pérdida.

Cuando cruzaremos de nuevo el río a la izquierda (por el pont de la Cova dels Rosegadors), inmediatamente, a nuestra izquierda, comienza una pista cerrada por una cadena: ¡ya hemos llegado!

Si siguiéramos por la carretera, a poco más de medio quilómetro, tras dos pequeños túneles, llegaríamos al Pantano de Ulldecona

Aparquemos donde podamos el vehículo, sin obstaculizar ningún paso. 


Cronología, altimetría y descripción del itinerario:

00 min. (420 m) Pont de la Cova dels Rosegadors

En toda la ruta que os propongo, iremos encontrando alguna marca de pintura blanca y amarilla (a modo de PR) e hitos de piedras que nos podrán ayudar a proseguir en los puntos más perdedores. Transcurriremos por propiedades privadas y por el Parque Natural de la Tinença de Benifassà: respetad el entorno y no salgamos de los caminos y sendas.

El camino carretero que tomaremos, se trata de una antigua pista de unos 2 quilómetros que sube a una pequeña cantera abandonada. Sobrepasamos la cadena (a su izquierda veremos la primera marca blanca y amarilla pintada sobre una roca). Comenzamos a caminar plácidamente, ganando altura poco a poco. Al fondo ya veremos la silueta escarpada de la Penya de l'Àguila... ¡allí vamos!

Inicio de la pista, marca de pintura a la izquierda. Al fondo la Penya de l'Àguila

Esta primera parte de la excursión por la pista, nos servirá para ir calentando los músculos de las piernas... El camino sube sombreado por un aromático pinar.

Si observamos los taludes de la pista, vamos a diferenciar: calizas masivas, conglomerados con costras calcáreas (provinentes de pequeños abanicos aluviales) e, incluso, algun afloramiento con brechas de falla.

Contacto discordante entre el conglomerado (a la izquierda) y las calizas masivas

Disfrutando de los pequeños detalles que nos ofrece el paseo, la pista nos llevará a una pequeña trinchera donde veremos (a nuestra derecha) la segunda marca de pintura.

Trinchera al camino con la segunda marca de pintura a la derecha

Continuamos por el bucólico camino carretero que, subiendo sin pérdida, nos llevará (en unos diez minutos) a una tercera marca de PR. 

Sobrepasada esta tercera pintada, unos metros más arriba, si estamos atentos a nuestra izquierda, veremos un mirador donde avistaremos, al fondo, el pont de la Cova dels Rosegadors... ¡todo eso hemos subido ya!

Mirador de la pista: al centro de la imagen se intuye el puente de la Cova dels Rosegadors

Continuamos unos metros más y cuando el camino hace una curva a la izquierda, veremos la cuarta marca de pintura y, tras ella, una senda que sube empinada por un barranco.


25 min. (585 m) Cruce con la senda del barranco

Cruce con el sendero que sube por el fondo de un barranco (y cuarta marca de pintura)

Dejamos definitivamente la pista (si siguiéramos por ella llegaríamos, en breve, a la cantera abandonada donde se termina) y comenzamos a subir por el caminito de cabras que resigue el eje del barranco: a pocos metros del cruce, veremos otra marca de pintura que nos ratifica que vamos bien.

La zigzagueante subida por la senda del barranco es muy empinada y dura (no en vano estamos haciendo la parte más pesada del recorrido... ¡ánimo!).

Finalmente llegaremos a un cruce con una senda que viene de forma clara (y llaneando)  por nuestra izquierda.


35 min. (640 m) Cruce con la senda del pinar

Desde este cruce, antes de tomar la senda que nos ha recibido, si miramos a nuestra derecha, veremos un pequeño cocó (construcción para almacenar agua). Visto este pequeño aljibe, nosotros seguimos hacia la izquierda por el sendero alfombrado de pinaza que llanea deliciosamente hacia el Este.

Sendero que llanea plácidamente hacia el Este por un joven pinar

Seguimos sin pérdida por el sendero y, en menos de cinco minutos, encontremos un pino caído al suelo con su copa seca ocupando toda la senda. Lo sobrepasamos con cuidado (hay un paso abierto por el centro) y continuamos hasta que se nos abre de nuevo el paisaje a modo de mirador. Frente nuestro se recorta la Penya de l'Àguila. ¡Desde este punto parece inexpugnable!


40 min. (645 m) Mirador del barranco de Molí l'Abad

Penya de l'Àguila desde el mirador del Barranc del Molí l'Abad

El ancho barranco (a modo de anfiteatro) que se extiende a nuestra derecha es el de Molí l'Abad. Para llegar a nuestro objetivo, deberemos abrazar este gran valle hasta tocar a la base de las murallas de roca que sustentan la cima frente nuestro.

En este tramo de excursión por el barranco de Molí l'Abad, tendremos un verdadero regalo para los ojos... veremos una infinidad de formas caprichosas de piedra: arcos, setas, chimeneas de hada, monolitos, castillos...

Arco de roca que veremos en este tramo de excursión por el barranco de Molí l'Abad

Pues bien, desde el mirador, continuamos nuestra andadura hacia la derecha, subiendo primero unos pocos metros. Enseguida ya empezaremos a llanear, perdiendo siempre un poco de altura. En este punto es cuando el sendero se hace un poco perdedor... seguimos atentos hasta que acabaremos encontrando una tranquilizadora marca de pintura amarilla y blanca.

A partir de aquí el camino vuelve a ser claro... seguimos y, en pocos minutos, llegaremos a una pequeña tartera, la atravesamos en línea recta y continuamos por el otro lado.

Primera tartera que encontraremos, la cruzamos recto y seguimos por la otro flanco

Proseguimos la marcha y nuestros pasos nos llevarán a una segunda tartera, también no muy grande. Ahora bajaremos por ella haciendo un pequeña lazada y seguimos por el otro lado por el visible sendero.

Segunda tartera que atravesaremos. Bajamos un poco por ella para proseguir

El camino no tardará en hacer un ancho zigzag (hacia el Oeste y luego hacia el Este de nuevo) para bajar unos metros. Este pequeño descenso nos permitirá acercarnos a la base de la pared de roca que tenemos frente nuestro (y que sustenta nuestra cima) para poder proseguir bajo la alta muralla de roca.

El sendero avanza bajo la gran muralla de roca, a los pies de la Penya de l'Àguila

Cuando termine el paseo por debajo de la muralla, no tardaremos en arribar a una tercera tartera (esta grande). La atravesamos, llegando a un cruce marcado con carteles toscos de madera.


45 min. (660 m) Cruce con el sendero del camping

Si siguiéramos recto llegaríamos al camping que hemos visto a la carretera. Nosotros tomaremos el cruce de la derecha (girando 180º), veremos una marca de pintura amarilla y blanca y un cartel de madera que indica "La Tossa 865 m".

Cruce con el sendero del camping. Tomamos el que sube de nuevo hacia la tartera

Vamos remontando la tartera haciendo zigzags. El camino nos llevará a una pequeña pared de roca, seguimos hacia la derecha (resiguiéndola) hasta que encontremos unos troncos a modo de barandilla.

Paso de trepada con unos troncos habilitados a modo de barandilla

Trepamos por la roca (ayudados por el rústico pasamanos) y, una vez superado el paso, continuamos subiendo la ladera haciendo zigzags. Poco a poco nos iremos acercando a la base de la Penya de l'Àguila. Pasados unos cinco minutos (desde la "escalera") veremos otra marca blanca y amarilla bajo las paredes rocosas de la cima.

Pronto el sendero cambiará de sentido, subiendo hacia el Oeste (alejándose de la base de la cima). Avanzaremos por un frondoso pinar, hasta que veremos un gran monolito asomando entre los árboles. Nuestro camino bordeará la puntiaguda roca por la derecha.

Gran monolito de piedra entre los pinos. El sendero lo rodea por su derecha

Rodeada la gran aguja de piedra se nos abren de nuevo las vistas, ahora hacia el Oeste. Ante nosotros vemos: el valle del Molí l'Abad, els Ports de la Sénia, el pantano... y (muy, muy lejos) el puente de la Cova dels Rosegadors de donde venimos. 

Seguimos subiendo por el claro sendero haciendo zigzags y bordeando alguna pequeña muralla rocosa. El camino avanza hacia el evidente collado que vemos sobre nuestro. A media subida veremos la última marca de pintura de PR de nuestro recorrido.

Continuamos ya sin pérdida hasta el collado.


1 hora 10 min. (765 m) Collado de la Penya de l'Àguila

Arribados ya al collado ya podemos ver, a nuestra izquierda, la Penya de l'Àguila. A nuestra derecha, más alejado, el vértice geodésico de la Tossa.

La Penya de l'Àguila (ya muy cerca) desde el collado

Si quisieramos acceder a la Tossa desde este collado: ¡no va a ser facil! Primero, por la exigente orografía y las fuertes rachas de viento que encontraremos; segundo, por no existir un claro sendero que nos lleve a su cima y... tercero, por la horrible valla quilométrica que sube la empinada vertiente sur, unos metros más abajo, y resigue toda la carena hacia el vértice geodésico (como hemos podido ver en la imagen publicada en la introducción de este post) y que nos dificulta en demasía la progresión.

Así pues, damos la espalda a la Tossa (y a su cercado) y subimos sin problemas por el claro sendero, ¡hacia la soñada Penya de l'Àguila!


1 hora 15 min. (796 m) Penya de l'Àguila

Si hemos estado atentos durante la subida, entenderemos porqué esta cima se llama "la Penya de l'Àguila": sus riscos y murallas rocosas la convierten en un emplazamiento ideal para la nidificación de grandes aves rapaces. Yo avisté hasta cuatro ejemplares de águila real (aquila chryasetos), llevadas por las corrientes de aire, sobrevolando majestuosamente a pocos metros de mi cabeza.

El águila real es una de las grandes aves que podemos ver en todo el Port. Fuente

Desde arriba la cima, si cogemos un día claro, vamos a disfrutar de unas vistas impresionantes (¡no olvidéis vuestros prismáticos!). Sentaros sobre una caldeada roca, inspirad aire puro y... ¡disfrutad!

Siguiendo la línea de costa de norte a sur, vemos: el rio Ebro y parte de su delta, el Montsià, el peñón de Peñíscola, la Serra d'Irta y el Desert de les Palmes (este último, con la ayuda de los anteojos, avistaremos les Agulles de Santa Àgueda y la cima del Bartolo). Continuando la panorámica radial, ya tierra adentro, podemos observar: la plana de Castelló, la Mola de Catí, la carena de la Lloma de la Tossa, la Tinença de Benifassà, el pantano, els Ports de la Sénia, la cima del Negrell (1345 m), la Selleta de Pallerols, els Castells... Y, frente a nosotros, a primer plano: ¡la Sénia como nunca la había imaginado!

Panorámica de la Sénia desde la Penya de l'Àguila (la foto no hace honor a la visión)

Disfrutemos este momento... a nuestra manera... Si paseamos un poco por la cima (ojo con las paredes al vacío) veremos, sobre una roca y medio borrada, la firma del siempre presente caminante solitario que dejó anotado: "Tosa de San Pere - Rossell C.S.".

Saciada nuestra vista, es hora de regresar... Lo haremos por el mismo camino que hemos hecho la ida, poniendo especial cuidado de no resbalar y disfrutando, más plácidamente, de los paisajes que hemos visto en "modo subida". Si estamos atentos y en silencio seguro sorprendemos alguna cabra salvaje pasturando libremente.

Selfie de despedida, con la Penya de l'Àguila (al fondo) desde su collado


2 horas 15 min. (420 m) Pont de la Cova dels Rosegadors

En una hora, más o menos, estaremos de nuevo al pont de la Cova dels Rosegadors.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Aquí os dejo con el dulce recuerdo de esta entrañable ruta que tanto me sorprendió... y no tan sólo por poder llegar a tan ansiada cima, también por todos los paisajes y detalles que me regaló su trayecto.

Padre... aquí te dejo este escrito que ha querido ser tus piernas para poder llegar a esa cima que tanto me hablaste... este escrito que ha querido ser tus ojos para poder ver, nuestra querida Sénia, de la forma que tan sólo la pueden ver... ¡las águilas!

jueves, 1 de octubre de 2015

Bitlles catalanes

Hace ya muchos años, no recuerdo ni cuando fue, yo era un niño muy pequeño... me regalaron 6 bolos de madera torneada pintados de rojo y dos bolas barnizadas, también de madera maciza. Mis padres llevaron aquel juego a la finca de olivos de mis abuelos, ya que en el piso de la ciudad no era apto para jugar...

A nadie de mi familia pareció gustar mucho ese deporte de puntería... sólo mi abuelo materno se interesó por él: me enseñó sus reglas, me contó su historia y se armó de mucha paciencia para jugar con ese chavalín algo torpe y de poca destreza.

Mi abuelo me dijo que ese juego se llamaba "les birles" y no era, para nada, el que veíamos jugar en las boleras de las películas americanas. Me dijo que esos 6 bolos no se ponían en tres líneas de 3-2-1 (como en un bowling) sino en dos líneas de 3-3. Me dijo que la bolas no se tenían que echar rodando por el suelo sino lanzarlas en el aire haciendo puntería. Me dijo que el objetivo no era hacer caer todos los bolos, sino que debíamos intentar dejar uno de pie. Me dijo... tantas cosas.

Las "birles" rojas con las que yo jugaba de niño con mi abuelo

Pero esas clases magistrales de mi yayo Paco se quedaron irremediablemente en el olvido, al igual que ese viejo juego de birles quedó guardado durante décadas dentro de una caja, en el trastero de la finca de Tortosa. Por su parte, las dos bolas de madera barnizada del juego se acabaron perdiendo: seguramente las rompí usándolas para cualquier otro menester alejado de su real cometido.

Fue a finales del año pasado cuando conocí a Marcel Legua: jugador del Club Bitlles Can Folguera de Santa Perpètua de Mogoda. Viéndolo jugar volvió a mi memoria ese olvidado juego de mi niñez, me hizo redescubrir este apasionante juego de sociedad. Marcel me transmitió todo su conocimiento y pasión por este deporte y me regaló tres bitllots oficiales para que pudiera completar mi desusado juego de birles. A pesar del poco tiempo que nos conocemos, Marcel me ha demostrado, con creces, el verdadero significado de la amistad.

Marcel jugando en el Club Bitlles Can Folguera de Santa Perpètua de Mogoda

A Marcel y a mi abuelo, les quiero dedicar este escrito.


Les bitlles catalanes

Les bitlles es un deporte tradicional y profundamente arraigado en toda Catalunya en el pasado y hoy en fase de recuperación. Tenemos constancia de su práctica en documentos fechados ya desde 1376. Actualmente lo practican unas 2000 personas en toda Catalunya, donde hay más de un centenar de clubs. Destaca particularmente a les Terres del Ebre donde reciben el nombre de birles (tal como las llamaba mi abuelo) y en la Plana de Lleida.

Durante los años de la dictadura franquista, el juego fue prohibido con el pretexto de que se hacían apuestas y, por lo tanto, sufrió una fuerte decadencia que en muchos lugares supuso la casi total desaparición. 

Fue en noviembre de 1987, gracias al esfuerzo de personas como Gaspar Aguayo (libretero muy querido de mi barrio y que yo tuve la suerte de llegar a conocer), que se fundó el "Bitlles Club La Cava-Guinardó 87", recuperándose así, de forma organizada, les Bitlles Catalanes en las comarcas de Barcelona y, poco a poco, en toda Catalunya.

Gaspar Aguayo frente unes bitlles i bitllots en su librería del carrer Amèrica de Barcelona. Fuente

Desde el 30 de agosto de 2007, la Federación Catalana de Bitlles i Bowling está reconocida en pleno derecho por la federación internacional, a pesar de que no puede jugar con otros países porqué el reglamento no es del todo igual a los otros tipo de bolos de derribo. Una de las diferencias más notables es que, en este juego, no se lanza una bola sino un "bitllot" (o birlot), es decir: un bolo más pequeño.

El reglamento oficial de les bitlles catalanes, redactado por la propia FCBB, dice lo siguiente:


Reglamento de les bitlles catalanes

1. Generalidades

1.1. Objetivo

El objetivo de este deporte es tumbar cinco de las seis bitlles plantadas (lo que se conoce como hacer "bitlla"), mediante el lanzamiento de uno a tres bitllots para conseguir la máxima puntuación.

El Marcel logra hacer "bitlla" en su primer lanzamiento

1.2. Fases del juego

1.2.1. Plantada de bitlles

Consiste en la colocación adecuada de las seis bitlles sobre la zona señalada al campo con la ayuda de la plantilla de plantada.

1.2.2. Lanzamiento

El lanzamiento es la acción de impulsar el bitllot hacia les bitlles.


2. Especificaciones técnicas del material

2.1. Bitlles

2.1.1. Naturaleza

Les bitlles (o birles) son cilindros torneados, preferentemente de madera de encina, más delgados al tercio superior y con una anilla de hierro de refuerzo a la base. Si son de material sintético, no es necesaria la anilla.

2.1.2. Medidas

  • Altura total 510 mm
  • Cabeza (diámetro) 65 mm
  • Base (diámetro) 90 mm

Detalle de la forma y las medidas de una bitlla reglamentaria. Fuente

Las medidas de los bolos de material sintético tienen una tolerancia de fabricación del 3%.

2.2. Bitllots

2.2.1. Naturaleza

Los bitllots (o birlots), también son cilindros torneados, preferentemente de madera de encina, más delgados por la empuñadura.

2.2.2. Medidas

  • Longitud total 280 mm
  • Empuñadura
    • longitud 100 mm
    • diámetro 40 mm
  • Base
    • longitud 140 mm
    • diámetro máximo 80 mm
  • Transición 40 mm

Detalle de la forma y las medidas de un bitllot reglamentario. Fuente

Las medidas dels bitllots de material sintético tienen una tolerancia de fabricación del 3%.

2.3. Plantilla de plantada

La plantilla de plantada permite colocar les bitlles correctamente en la zona de plantada. Dispone de un apoyo de 10 cm y tiene las dimensiones especificadas en el siguiente imagen:

Croquis de una plantilla de plantada. Fuente

Su uso es obligatorio antes de cada tirada.

2.4. Homologación del material

En las competiciones oficiales hay que emplear juegos de bitlles, bitllots y plantillas de plantada siguiendo las medidas establecidas en este reglamento.

La empuñadura dels bitllots se puede proteger únicamente con cinta adhesiva.


3. Campo de juego

3.1. Características

El terreno tiene que ser plano, preferentemente de tierra compactada.

3.2. Medidas

Un campo de bitlles catalanes tiene las dimensiones siguientes:

  • Longitud total 16,50 m
  • Anchura mínima 1,75 m
  • Anchura máxima 2 m

La longitud total incluye las dos zonas de seguridad: tras la zona de lanzamiento (2 m) y frente la zona de plantada (3 m), como podéis ver en el siguiente imagen:

Medidas y forma de un campo de bitlles catalanes reglamentario. Fuente

3.3. Señalización

El anterior gráfico nos muestra como debe ser la señalización del campo de juego.

Las líneas longitudinales se tienen que marcar de forma que no estorben la actuación del jugador/a.

Las líneas transversales también se tienen que marcar de forma que no estorben la acción del jugador ni, tampoco, el desplazamiento dels bitllots.


4. Plantada de les bitlles

4.1. Colocación

Las seis bitlles se plantan en dos hileras de tres. La primera fila se coloca encima la línea transversal de la zona de plantada, centrada sobre la anchura de la pista. La segunda fila se coloca fuera, en la zona de seguridad.

Un jugador plantando las 6 bitlles con la plantilla en la zona de plantada

Hay que usar la plantilla de plantada por colocarlas adecuadamente.

4.2. Distancia entre bitlles

La distancia entre la base de los bolos tiene que ser de 7,5 cm.


5. Lanzamiento

5.1. Distancias de lanzamiento

La distancia de lanzamiento varía según las categorías:

  • Cadete, juvenil y senior masculina: 11,5 m
  • Cadete, juvenil y senior femenina: 9,5 m
  • Infantil: 9,5 m
  • Alevina: 8 m
  • Benjamina: 6,5 m

En las competiciones oficiales seniors, si participan jugadores infantiles, alevines o benjamines, estos harán el lanzamiento desde 9,5 m.

5.2. Zona de lanzamiento

La zona de lanzamiento está delimitada por una línea transversal, a la distancia de tiro adecuada a la categoria, que señala la posición desde donde se pueden lanzar els bitllots.

Jugador lanzando el bitllot desde su zona de lanzamiento. Fuente

5.3. Posición de lanzamiento

El jugador puede adoptar la posición más adecuada, pero sin ultrapasar los límites de anchura de la pista ni pisar la línea transversal. Si lo hace, será amonestado.

La primera amonestación es de advertencia, y a partir de la segunda se le restan dos puntos por cada infracción del total de puntos de la partida.


6. Reglas del juego

6.1. Sistema de juego

Una partida de bitlles catalanes consta de nueve tiradas (por jugador), divididas en tres rondas de tres tiradas.

Se puede jugar individualmente o en equipo.

6.1.1. Competiciones por equipos

Se juega en equipos de cinco jugadores, pudiendo ser un equipo mixto.

El número de jugadores por equipo puede variar en función de las necesidades de cada liga territorial.

8 equipos disputan la final de la XII Copa Generalitat de Bitlles Catalanes a Godall (Tarragona). Junio 2015

6.2. Tirada

Una tirada consiste en el lanzamiento de hasta un máximo de tres bitllots (uno después del otro). En el momento de iniciar la tirada, el jugador puede traer a la pista un máximo de cuatro bitllots y lanzar los tres que más le convengan.

Si se tumban cinco bitlles con el primero o segundo lanzamiento de bitllot ya no hay que lanzar los restantes.

En el supuesto de que un bitllot tumbe algún bolo de otra pista, el árbitro tiene que colocar les bitlles como estaban. Si esto no es posible, hay que volverlas a plantar y el jugador tiene que volver a lanzar los tres bitllots.

Si un bitllot de un jugador queda ante les bitlles de otro jugador, este puede parar de jugar y pedir al árbitro que lo retire antes de retomar su tirada.

6.3. Ronda

Una ronda es el conjunto de tres tiradas consecutivas.

6.4. Puntuación

Después de cada tirada (con un máximo de tres lanzamientos de bitllot), dependiendo del número de bitlles que quede en pié, obtendremos la siguiente puntuación:

  • Cinco bitlles tumbadas: 10 puntos (“bitlla”)
  • Seis bitlles tumbadas: 6 puntos
  • Cuatro bitlles tumbadas: 4 puntos
  • Tres bitlles tumbadas: 3 puntos
  • Dos bitlles tumbadas: 2 puntos
  • Una bitlla tumbada: 1 punto
  • Ninguna bitlla tumbada: 0 puntos

6.5. Bitlla tumbada

Una bitlla puede no caerse del todo, quedándose apoyada sobre alguna de las otras. Se considerará bitlla tumbada cuando el ángulo de inclinación respecto el plano horizontal es inferior a 45º.

Para facilitar la decisión arbitral se puede medir la distancia vertical entre la cabeza de la bitlla y el suelo, la cual ha de ser inferior a 37,5 cm, como vemos en la siguiente imagen:

Posición límite de una bitlla tumbada Fuente

Para ver como se juega a les bitlles catalanes, os recomiendo que miréis el siguiente vídeo realizado por BowlingCat TV:



Y aquí me tenéis de nuevo, mirando fijamente esas seis birles rojas que tantas veces plantó mi recordado yayo Paco... aquí me tenéis, con mis pies sobre la polvorosa era, entre algarrobos y olivos centenarios... aquí me tenéis, tomando uno de los tres bitllots que tan gentilmente me regaló Marcel.

Los tres birlots que me regaló Marcel descansan en el suelo de la finca de mi abuelo

Respiro hondo, me concentro mientras mi brazo se balancea, apunto... ya vuela el bitllot por el aire!, ya vuelan de nuevo mis recuerdos, ya vuelan de nuevo mis ilusiones!

¡Gracias por vuestra atención! ¡Gracias por querer jugar conmigo!

sábado, 5 de septiembre de 2015

Arte de estar por casa (2): Josep Guinovart i Bertran

"La encina, soporte sideral central, constelar. Las paredes se transforman en paisajes, acumulándose signos y memorias de guerra. Pisamos líneas y mitos, esgrafías y cabezas adentradas en el pozo de los barros, el rayo que sale de la tierra y se entierra. Los trabajos geométricos de las abejas, la cera que se crea y se deshace en los cálidos rastrojos".

Josep Guinovart

La Cabana, Espai Guinovart de Agramunt (Lleida), Fuente

Con esta descripción de "La Cabana", que nos hizo su propio creador, quisiera retomar esta serie de escritos que llamé: "Arte de estar por casa" (dentro de la sección Arte de este blog) y que están dedicados a artistas de los cuales tengo el honor de poseer alguna de sus obras. Como recordaréis, comencé esta subsección el año pasado con: Josep Maria Subirachs. En esta ocasión, hablaré de Josep Guinovart i Bertran:

Josep Guinovart i Bertran (2007), en el Museu d'Història de Catalunya, Wikipedia

En esta ocasión, hablaré de uno de los máximos representantes del Informalismo catalán... hablaré de uno de mis "artistas de estar por casa".

Firma de Guinovart, en la litografía expuesta en mi casa


Un poco sobre Guinovart

Josep Guinovart i Bertran nació en Barcelona el 20 de marzo de 1927. Comenzó trabajando como pintor de paredes. En 1944 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja de Barcelona. A partir de 1951 se dedicó plenamente a la pintura.

Mural en el teatro de les Llars Mundet de Barcelona (1957), Wikipedia

Durante este periodo, también realizó ilustraciones para la revista del grupo Dau al Set. En 1952 se trasladó a París con una beca, de regreso fundó, en 1955, el grupo Tahüll, junto con Cuixart, Muxart, Tàpies y Tharrats.

A finales de los cincuenta inició una tendencia informalista con una fuerte presencia matérica, tanto por la incorporación de elementos y objetos diversos (maderas quemadas, cajas, objetos de desecho...) como por la aplicación de técnicas como el collage y el assemblage.

A partir de la década de 1970 empleó sistemáticamente materiales como arena, tierra, barro, paja o fibrocemento e inició una serie de obras en las que recoge preocupaciones sociales y políticas.

Inclusión de elementos como la madera o el barro en la obra de Guinobart, Fuente

A finales de los setenta, comenzó a experimentar con la proyección tridimensional de sus obras, que se concretó en la creación de ambientes o entornos espaciales como el titulado Entorn-Contorn (1978).

Entorn-Contorn (1978), expuesto al Poble Espanyol de Barcelona, Fuente

Guinovart posee una producción artística muy variada: pinturas murales, decorados y escenografías teatrales (como la realizada para Bodas de sangre de Federico García Lorca), ilustraciones de libros, diseño de carteles, tapices y esculturas. En 1976 comenzó su actividad como grabador.

Lleida (2007), uno de los últimos grabados de Josep Guinovart, Fuente

En 1990 se expuso una retrospectiva de su obra en el Centre Cultural Tecla Sala de L´Hospitalet de Llobregat (Barcelona), por la que recibió el Premi Nacional d´Arts Plàstiques concedido por el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya, ese mismo año.

En julio de 1994 se inauguró el Espai Guinovart en Agramunt (Lleida), un museo dedicado al artista. Si deseáis más información sobre este artista os recomiendo que visitéis su Web:


Vista general del diáfano Espai Guinovart en Agramunt (Lleida), Fuente

La obra de Guinovart siempre se ha mantenido a medio camino entre la pintura y la escultura por la incorporación de todo tipo de elementos tridimensionales. Otra constante a lo largo de los años es la presencia de temas políticos y de imágenes que evocan los lugares que visitó o residió.

Guinovart falleció en Barcelona el 12 de diciembre de 2007, debido a Infarto agudo de miocardio.


Una escalera al cielo

Pues bien, transitados por la vida y obra de Josep Guinovart, hemos llegado a mi dormitorio. Allí, en la amplia pared frente al camastro, podemos admirar una litografía de este artista.

No consta ningún nombre para este grabado, fechado en 1994, pero la evidente escala de mano que preside el centro de la obra hace que yo la acabara denominando como: "La Escalera".

"La Escalera" de Josep Guinovart, enmarcada y expuesta en mi dormitorio

Esta litografía se trata del ejemplar número 200 de una edición de 225 unidades. El grabado se realizó sobre un papel cuché de 76 X 24 centímetros, cortado de forma basta y firmado por el propio artista. Acabado el tiraje se destruyeron las 6 planchas usadas para la realización de esta obra de arte.

Para enmarcarlo, escogí un fino marco de aluminio azul marino (tono de uno de los azules usados en la litografía). El papel se montó sobre una base azul celeste (también usado en la obra) dejando un contorno a modo de paspartú para, de esta forma, poder apreciar los bordes rasgados del grabado. El cristal que elegí fue mate para evitar los reflejos.

Al igual que mi litografía de Josep Maria Subirachs, este cuadro me lo donó mi padre cuando me emancipé. A mi progenitor (por su parte) se lo regalaron, para Navidades, la imprenta Treballs Gràfics que eran clientes de la empresa donde él trabajaba. Parece ser que el estilo de Guinovart no le gustó a mi madre y la obra estuvo unos cuantos años en la penumbra de su altillo.

Folleto entegado junto la litografía

Esta litografía no deja indiferente a nadie que visita mi casa y son ya varias las personas que me han dicho que su contemplación les ha dado paz y sosiego, seguramente es por los tonos azules y claros que dominan el cuadro...

Si os parece, pasaré a describiros las sensaciones que me transmite a mí esta litografía. Lo haré desde un punto de vista muy personal y con todo el respeto hacia el artista: tened en cuenta que sólo soy un aficionado a las Bellas Artes. Con toda seguridad, Guinovart pensaba otra cosa cuando creó este gravado, pero esto es lo que a mí me hizo a mi sentir esta obra, tras mis largas y abstraídas contemplaciones desde el duermevela de mi lecho:

Litografía de "La Escalera", de Josep Guinovart (1994)

Desde un punto de vista meramente descriptivo, en esta litografía vemos, en primer lugar, lo que parece una escalera que sube desde la izquierda del cuadro hasta el centro... concretamente, sube hacia la amplia zona más blanca de la obra (rodeada por un ténue fondo azul celeste). En contraposición, esta escala se aleja de un manchurrón negro más pequeño que queda a su izquierda. Esta zona más blanca del cuadro, queda delimitada por tres marcas naranjas (con trazos negros y/o azules) formando un triángulo: parece que la escalera también quiere dirigirse a centro de esta figura geométrica imaginaria. A la parte inferior derecha del cuadro vemos una forma esférica azul marino, recostada sobre líneas diagonales. Por último, en la parte superior de la escalera, vemos una forma ovalada (también azul marino) de la cual le salen diferentes líneas gruesas.

Pues bien... esta obra abstracta, yo la interpreto de la siguiente manera: Tenemos un cielo azul donde, una "deidad" (el triángulo de marcas naranjas), crea una albugínea abertura. Desde el suelo aparece una escalera que sube directa al centro de este albar boquete, alejándose (por otra parte) de la zona obscura de la escena... También, desde el suelo, un anciano moribundo, recostado sobre su almohada (representado por la esfera i las líneas diagonales), observa la abertura. Por último, en la parte superior de la escalera, un ser que bien podría ser una especie de ángel (la forma ovalada azul con líneas gruesas a modo de alas), invita al expirante que suba sin miedo por la escala...

Espero que os haya gustado esta litografía, espero os haya gustado mi interpretación...

¡Muchas gracias por vuestra atención!

lunes, 10 de agosto de 2015

El cuento, científicamente probado, de la yaya Concha

Introducción

De esto hace ya unos años...

Era una soleada tarde de invierno en la solitaria Cala Puntal de Vinaròs. Me senté sobre sus caldeados guijarros mirando el horizonte... las olas besaban tímidamente mis desnudos pies... me quedé en silencio, mi respiración era profunda y pausada.

La pedregosa Cala Puntal de Vinaròs (Castelló).  Fuente

Miré alrededor... mis compañeros de meditación eran una infinidad de silenciosos guijarros de procedencia muy diversa y... en medio de ese jardín Zen, ¡estaba yo!

De todas esas piedras que sustentaban mis pensamientos, había una que parecía mirarme, parecía querer contarme algo. No era la más bonita ni la más atrayente de aquella playa: era, tan solo, una ajada caliza de superficie tosca y colores apagados... era, tan solo, un canto rodado aplanado y roto por uno de sus extremos. Lo tomé y, entonces, vi el tesoro que guardaba en su mutilado costado: ¡los restos fósiles de un berberecho!

Canto rodado, recogido en Cala Puntal, con una valva fósil de berberecho

¡Cuánta energía desprendía!, cuanto tenía por contar esa vieja concha, cuanto... ¡a quien supiera escucharla!


Un ambicioso proyecto, "sedimentado", de momento...

En 2011, Mònica Pagès (periodista especializada en música clásica y artes plásticas) nos propuso al artista barcelonés Jordi Pascual Morant y a mí que uniéramos esfuerzos y creáramos un libro de artista. Jordi me dio rienda suelta para que inventara una historia. Por su parte, él pondría toda su experiencia y potencial creativo para plasmarlo y hacerlo realidad.

Autorretrato de Jordi Pascual Morant con Nebulosa (iluminada) 

Pensé que sería interesante explicar la "biografía" de ese fósil incrustado en aquel guijarro. A Jordi, le pareció genial la historia y la forma de presentarla. Nos pusimos manos a la obra, trabajamos duro en su taller. Probamos diferentes materiales para plasmar nuestro diseño y al final elaboramos un prototipo que superaba con creces mi bosquejo original: ¡eso ya era más que un libro de artista! Era, como lo definió el mismo Jordi: ¡un "poema objeto"!

Desgraciadamente, el proyecto se tuvo que aparcar, de forma indefinida, por falta de presupuesto. Jordi me entregó el arquetipo que conservo en casa como uno de mis mayores "tesoros" y que, por razones lógicas, no puedo mostraros públicamente.

Si estáis interesados en invertir en una obra original, con salida y que no dejará indiferente a nadie, poneros en contacto con Jordi Pascual o conmigo y... lo hablamos. :-)


Saber leer... saber sentir lo que nos transmite cualquier piedra

La geología, como un día dijo el doctor Joan Rosell (catedrático de Estratigrafía de la Universitat Autònoma de Barcelona) es la ciencia clásica menos "exacta". Según su opinión, un buen geólogo no sólo ha de tener la mente racional, metódica y abierta del científico... sino que, ¡además!, debería ser sensible, imaginativo y creativo como un poeta.

Columnas de la Universitat Autònoma de Barcelona.  Fuente

Yo pienso que cada piedra es un "libro" con una historia que contar... una historia que un geólogo podrá leer porqué conoce su "abecedario". Pero una piedra también es una "viajera del tiempo" que quiere explicarnos su historia, quiere narrarnos un cuento a las personas que seamos capaces de "escucharla".

Para entender esto que os digo, primero explicaremos de forma científica lo que podemos "leer" de nuestra muestra y, luego, "escucharemos" la historia que quiere contarnos.


1.- Análisis geológico de la muestra:

Desde un punto de vista estrictamente científico, la descripción visual de la muestra F003 (así la catalogué en la base de datos de mi colección) sería la siguiente:

Muestra F003: canto rodado con valva fósil de Cardiidae (Cala Puntal, Vinaròs)

Se trata de un detrito de un depósito litoral actual. Recogido en Cala Puntal de Vinaròs (Castelló), coordenadas E(X): 287525.5 - N(Y): 4484868.0 UTM 31N / ETR S89.

Es una roca carbonatada: una caliza con un alto contenido en dolomía. Tiene una superficie rodada y tosca con colores gris-pardusco. Presenta un contorno irregular y aplanado. Mide de 11 a 7 centímetros de base y de 5 a 3 centímetros de grosor, una masa 0,3 Kg y un peso específico de 1.8 Kg/dm3.

Se puede observar una presencia notable en microfósiles (como nummulites), así como secciones de exoesqueletos de invertebrados y la valva interna (relatívamente bien conservada) de un bivalvo del tipo cardiidae.

Especie de Cardiidae actual.  Fuente

Con toda probabilidad, este canto rodado proviene de la erosión de los estratos mesozoicos del Macizo dels Ports (Tarragona, Castelló y Teruel).


2.- El cuento de la yaya Concha:

Conchita era una pequeña cría de berberecho que vivía plácidamente en un mar tropical poco profundo del Jurásico (hace unos 200 millones de años), en el lugar donde hoy se levantan els Ports de Tortosa y Morella.

Conchita se pasaba el día medio escondida en la arena, con sus sifones desplegados filtrando alimento. En una ocasión, quiso aproximarse cerca de la costa y vio un continente cubierto por una espesa vegetación selvática. Distraída, no se dio cuenta como se acercaba un joven Tastavinsauro que quería "jugar" con ella... afortunadamente, se escondió bajo tierra en el último momento.

Representación de un Tastavinsaurus.  Fuente

Conchita se hizo mayor y dio a luz diferentes crías de berberecho. Pasó el tiempo y... una noche de tormenta tropical murió sin poder llegar a conocer a su nieta. Sus partes carnosas fueron aprovechadas por algún animal. Sus dos conchas, unidas por el frágil ápex quitinoso, se separaron: una de ellas, rápidamente, se fragmentó y se disolvió... la otra, quedó depositada junto a otros exoesqueletos dentro un fino sedimento calcáreo.

Concha de berberecho medio enterrada en el sedimento.  Fuente

Y allí quedó enterrada, preservada de los agentes geológicos externos para siempre... allí quedó intacta, la "yaya Concha", esperando algún día poder ver a su querida nieta...

El Jurásico termino y... lentamente, ese mar poco profundo, donde vivió nuestra protagonista se fue secando. Ese barro calcáreo donde estaba enterrada, se acabó convirtiendo (por diagénesis) con una firme roca carbonatada.

Pasaron milenios y con la orogénesis alpina se crearon grandes cordilleras... ¡nuevos paisajes! Esas rocas carbonatadas que contenían el fósil de la yaya Concha se comenzaron a plegar y levantar, formándose els Ports: ¡izándose a más de mil metros sobre el nivel de "su" mar!

Ports de Tortosa, con su cima: el Mont Caro (1442 m.) en el centro de la imagen.  Fuente

Un levantamiento de nuevos relieves implica siempre que comience una activa erosión sobre las zonas erguidas. La meteorización mecánica acabó separando un gran bloque del estrato donde estaba la yaya Concha. El gran peñasco se desprendió ladera abajo, rompiéndose, a su vez, con otros fragmentos menores.

Mareada y algo aturdida quedó nuestra entrañable fósil, todavía protegida en el interior del fragmento anguloso de roca (ya no mayor que un tetrabrik). La escorrentía superficial la fue bajando por la empinada ladera hasta el fondo del valle... hasta el lecho de un torrente.

Los periodos de tormenta, el barranco sufría grandes crecidas. Las piedras bajaban en tropel, golpeándose unas con otras, rompiéndose y limando sus ariscos contornos. Por cada barrancada, unos metros más avanzaba nuestra protagonista.

Cantos rodados en el lecho de un torrente.  Fuente

Durante uno de estos avances, pugnando con un bolo mucho mayor que ella, nuestro canto fue golpeado rompiéndose uno de sus extremos. La fresca fractura dejó a la vista a la yaya Concha, mostrando la parte interna de su valva, con sus "costillas" bien marcadas.

Ese barranco llevó así a nuestro canto hasta al río Ebro... el agua ya iba cogiendo gusto a sal. El avance sobre el lecho fluvial trasladó a yaya Concha, valientemente arrapada sobre el guijarro, a la desembocadura de este gran río... ¡de nuevo estaba en el mar!

Las corrientes litorales fueron desplazando el canto hacia el sur, hasta que se quedó quieto cerca de la Cala Puntal, con el fósil bien visible en la parte superior de la piedra. El mar estaba en calma y, poco a poco, los berberechos del lugar desplegaron sus sifones para filtrar los nutrientes en suspensión.

Berberecho enterrándose en la arena con la ayuda de su pie. Fuente

Una cría de berberecho apareció cerca del guijarro, la yaya Concha reconoció de inmediato a su tataranieta: ¡que poco había cambiado! La cría se acercó a ese extraño "pedrusco" que tanto se parecía a los suyos y tranquila se acurrucó a su amparo protector.

La yaya Concha pudo así transmitirle todo lo que no pudo decir a su nieta en el Jurásico, le explico su largo camino de 200 millones de años y lo feliz que era de haberla al fin encontrado...

Llegó la noche, la bonanza se convirtió en temporal de levante. "Escóndete bajo tierra, ¡rápido Conchita!" le apremió su tatarabuela. Todos los berberechos, replegaron sus sifones y escarbaron rápidamente el sedimento, colgándose bajo la arena. Conchita miró el cansado y viejo rostro de su tatarabuela, le dio un beso y le dijo: "Hasta siempre yaya Concha... ¡te quiero!".

Representación divertida de la joven Conchita.  Fuente 

Yaya Concha se quedó sola sobre la superficie, el mar se alborotó y levantó con furia el guijarro del suelo. Las olas, ¡altísimas!, lanzaron el canto contra la pedregosa playa. Una y otra vez fue arrastrada y proyectada contra la cala. Los golpes desgastaron aún más los contornos de la vieja valva.

El temporal, finalmente cesó, el canto quedo inmóvil sobre Cala Puntal y... ¡salió el sol!

Pasó mucho tiempo, quizás años... En verano, los ruidosos bañistas iban a esa playa y pisoteaban aquel olvidado canto rodado.

Y una soleada tarde de invierno, un chico llegó a la solitaria cala. Se sentó sobre los caldeados guijarros mirando al horizonte... las olas besaban tímidamente sus desnudos pies... se quedó en silencio, respirando profunda y pausadamente.

Miró alrededor suyo y se fijó en una de las piedras que tenía a su lado.  No era la más bonita ni la más atrayente de aquella playa: era, tan solo, una ajada caliza de superficie tosca y colores apagados... era, tan solo, un canto rodado aplanado y roto por uno de sus extremos. Lo tomó y, entonces, vio el tesoro que guardaba en su mutilado costado: ¡los restos fósiles de un berberecho!

¡Cuánta energía desprendía!, cuanto tenía por contar esa vieja concha, cuanto... ¡a quien supiera escucharla!

Primer plano de la "yaya Concha" sobre su gastado canto rodado

Esta historia tiene algo de cierto y mucho de inventado. Esta historia es lo que transmitió esa vieja concha, a este geólogo enamorado de los cuentos, a este cuentacuentos enamorado de las piedras.

Muchas gracias por vuestra atención.