viernes, 3 de julio de 2015

Una de Indios y Vaqueros

Ya comenzada la segunda mitad de 2015, en humbertsanz.com toca hablar de alguna de Mis Antigüedades. En esta ocasión, vamos a ponernos nostálgicos desempolvando uno de mis juguetes más antiguos que conservo y con el que jugué largas horas (sólo y acompañado) durante mi infancia. Hablaremos de mi Fuerte de madera.

Bienvenido a mi Fuerte… ¡forastero!  :-)

Pero... pongámonos en antecedentes:

A principios de los ochenta, los sábados los pasaba con mis abuelos maternos en su piso de Hostafrancs (Barcelona). Por las tardes, después de comer, solían dar en la televisión una película del “Oeste”.

Screenshot de John Wayne a la película "Fort Apache" (1948)

Los Western, actualmente, quizás sea un género cinematográfico algo anacrónico. Pero hace 3 décadas eran películas fascinantes y, más, vistas por los ojos de un niño... Yo recuerdo quedarme extasiado viendo las frenéticas carreras de caballos, los inagotables tiros y polvaredas, los paisajes, decorados y la épica que desprendían esos films en blanco y negro o color sepia.

Cuando llegaba el siguiente lunes, en el recreo del colegio, rememorábamos la película vista el fin de semana, jugando al patio a “indios y vaqueros”: librando batallas campales caóticas y algo salvajes que acababan siempre con algún niño llorando y algún que otro castigado...

Saliendo del Saloon después del tiroteo. Cinema Studio del Desierto de Tabernas

Si tuviera que dar una lista de las 10 películas del género Western que más recuerdo o más me gustaron, seguramente este sería mi "Top Ten":

  1. Los Siete Magníficos (1960)
  2. El Bueno, el Feo y el Malo (1966) "Trilogía del Dólar"
  3. Murieron con las Botas Puestas (1941)
  4. La Muerte Tenía un Precio (1965) "Trilogía del Dólar"
  5. Sólo ante el Peligro (1952)
  6. Dos Hombres y un Destino (1969) 
  7. Duelo de Titanes (1957) 
  8. Por un Puñado de Dólares (1964) "Trilogía del Dólar"
  9. Fort Apache (1948)
  10. Le Llamaban Trinidad (1970)

Cartel de "Los Siete Magníficos" (1960), basada en "Los Siete Samuráis" de Akira Kurosawa

La mitad de las películas que he citado, fueron rodadas en Almería (lo que se denominó Spaghetti Western). Ya de mayor, he ido muchísimo a estas bellas tierras andaluzas a estudiar su vulcanología y a disfrutar de sus parajes vírgenes.

Y una vez allí, a sido inevitable ir a ver los lugares, pueblos y decorados donde se rodaron esas películas que tanto me fascinaron en mi infancia… sitios como: el decorado del pueblo mejicano de “Los Siete Magníficos” (1960), en el Texas Hollywood de Tabernas; el Cortijo de El Sotillo, cerca de San José, donde se filmó, por ejemolo: “Por un Puñado de Dolares” (1964); la era del pueblo los Albaricoques, donde se disputó el duelo a tres de “El Bueno, el Feo y el Malo” (1966) y tantísimos otros emplazamientos almerienses que os recomiendo que visitéis…

Marta frente la era circular de los Albaricoques, donde se rodó el duelo de “El Bueno, el Feo y el Malo” (1966)

Pues bien, regresando a mi infancia: para que los niños y niñas pudiéramos jugar a “indios y vaqueros” de forma más creativa y calmada (que como lo hacíamos en nuestras “fabulosas” reyertas del recreo) había un juguete estrella que muchos recordareis haber tenido: ¡los Fuertes!, quizás los más famosos fueron los de la juguetera Comansi (que, actualmente, los ha vuelo a relanzar con un vistoso modelo):

Imagen promocional del actual Fuerte de Comansi

A parte del propio Fuerte, era indispensable, para poder montar dioramas y/o jugar, tener un surtido número de figuras de plástico: indios, vaqueros, caballos, carretas, tipis, etc. Estas piezas eran relativamente baratas (se podían comprar en mercadillos, quioscos…) generalmente se entregaban sin pintar (a diferencia de cómo las vende hoy Comansi).


Mi Fort West

Mi Fuerte no sé si es de Comansi ya que, curiosamente, no pone la marca de ningún fabricante ni en la caja ni en el propio juguete. Sea como fuere, es el modelo Fort-West, referencia 5/39, artesanal y hecho en España.

Caja original de mi Fuerte de madera de juguete

Por lo que he visto en Webs de nostálgicos, con modelos similares al mío, pienso que se fabricó en los años sesenta o a principios de los años setenta. A mi me lo regalaron a finales de los setenta.

Visión general de mi Fort West

Como vemos en la anterior imagen, mi Fuerte es de base rectangular y dispone de un suelo desgastado de madera. Nos recibe con un gran cartel donde pone “Fort-West” y, debajo de este, tenemos la robusta puerta de la fortificación.

Detalle interior de la puerta del Fuerte (con bisagras y un firme cierre)

Tiene de una torre de vigilancia (con una tosca escalera de mano para acceder a su mirador) coronada por una ondeante bandera de Estados Unidos de America. También dispone de unos barracones, donde encontramos la caseta del Sheriff y la del Comandante, un amarradero y abrevadero para los caballos.

Torre de vigilancia (con su bandera y escalera), barracones, amarradero y abrevadero para los caballos

Por último, si nos fijamos con la siguiente imagen, vemos que en todo el perímetro interior de las paredes del Fuerte hay pasarelas (excepto donde está: la puerta, los barracones y la torre de vigilancia). En las pasarelas, el tejado de las casetas y, obviamente, en el mirador de la torre, se pueden postrar los pistoleros para defender la fortificación.

Vista aérea de las pasarelas perimetrales, el tejado y la torre: lugares de defensa del Fuerte

Respecto a las piezas de plástico, tengo una variada y representativa selección. Desgraciadamente, muchas de las que atesoré en mi infancia se perdieron o se les corrompió el plástico. Actualmente he ido comprado otras de características similares (como la bonita diligencia) hasta dejar, como fue antaño, mi “set original”.

¡Bien!, hagamos inventario de las piezas de plástico que dispongo:

En primer lugar tengo 14 vaqueros: uno de ellos es el conductor de la diligencia (es la única figura que tengo pintada), otros dos van montados a caballo, después hay uno agachado que suele ponerse conduciendo la carreta y las ocho restantes son figuras sueltas (con su peana incluida).

Mis 14 figuritas de vaqueros, 6 caballos, la diligencia y la carreta

A parte de la citada diligencia y de la carreta cargada “supplies” (provisiones); para los vaqueros tengo los siguientes accesorios: 6 vallas para construir un cercado, un parapeto con escalera, un cañón ligero y 3 árboles.

Accesorios para los vaqueros

Para una perfecta paridad, dispongo también de 14 indios: dos de ellos van montados sobre negros corceles y el resto son figuras sueltas (con su peana incluida).

Mis 14 figuritas de indios y 2 caballos

Si repasamos, contando: los de los jinetes (indios o vaqueros), los de la carreta y los de la diligencia, dispongo de un total de 8 caballos.

Por otra parte, para los indios dispongo de: 4 tipis (cabañas indias), un tótem, una canoa, una hoguera calentando una sartén, una roca (por cierto: de Almería) y un pequeño palmeral.

Accesorios para los indios

Y bien...

Sentado al suelo frente mi viejo juguete, abro su caja desgastada y me invade su añejo aroma... Su interior lo encuentro repleto de color y recuerdos. Monto el cartel y la torre del Fuerte e improviso un sencillo diorama con mis figuras de plástico. Mi corazón de niño se siente por unos instantes feliz y despreocupado…

Mi Fuerte desmontado y con todas las piezas guardadas en su interior

Anonadado miro los detalles de cada escena y mi mente se acaba trasladando hasta el Cortijo del Fraile del Cabo de Gata… ¡Bellísimo emplazamiento!, marcado por unos luctuosos sucesos que impactaron a Federico García Lorca inspirándole a escribir su obra teatral: Bodas de Sangre (1931)... ¡Bellísimo emplazamiento!, que impactó a Sergio Leone, imaginando una hacienda mejicana donde poder rodar sus películas del Lejano y Salvaje Oeste.

Cortijo del Fraile (Almería). Imagen propiedad de www.parquenatural.com 

Y allí, frente a la capilla del cortijo… rodeado de pitas, chumberas y desierto… imagino que soy el audaz pistolero Clint Eastwood, retándome en mortal duelo con el “Malo” de Lee Van Cleef.

... ¡suenan dos disparos! ...

Screenshot de la película Murieron con las Botas Puestas (1941)

jueves, 4 de junio de 2015

La Paradoja de la Edad Menguante


Lo reconozco… ¡me gustan las matemáticas! Siempre tengo algún número rondando por mi cabeza y las cosas más cotidianas las tiendo a simplificar y numerar. También, siempre me han apasionado las paradojas… esas aserciones inverosímiles que se presentan con apariencia de verdaderas.

Y de tanto jugar con números, es normal que mi cerebro tropiece, de vez en cuando, con algún absurdo. A modo de ejemplo, hace ya algún tiempo, publiqué en este blog La Paradoja del Reloj, que reza la siguiente contradicción: “Cuando mayor sea la precisión de un reloj, con menor precisión nos dará la hora”.

Tiempo y precisión se contradicen en la Paradoja del Reloj. Fuente

Pues bien, el otro día, celebrando un aniversario en casa de unos amigos, uno de los invitados dijo: “Martín cumple 35 años y su padre hizo 70 hace un mes… Que curioso… el padre, tiene el doble de la edad del hijo”. Después de una pausa, respondí: “Bueno… de hecho, esto no tiene nada “curioso”… esta coincidencia es de lo más normal: nuestro padre (o cualquier persona) tendrá el doble de nuestra edad, cuando nosotros cumplamos la edad que él tenía cuando nacimos”. Es decir, si nuestro padre nos tuvo con 20 años, cuando nosotros cumplamos 20, el autor de nuestros días tendrá 20+20=40 años (el doble).

Esta perogrullada hizo activar mi mente y calcular diferentes posibilidades y… con la ayuda del pacharán y las risas de los comensales, concluí con un absurdo que titulé: La Paradoja de la Edad Menguante, que afirma lo siguiente:

Al momento de nacer, la edad de nuestro padre es infinitamente mayor que la nuestra. Pero, con el tiempo, acabaremos teniendo, exactamente, la misma edad.


Padre e hijo sostienen un reloj de arena. Fuente

Esta aseveración parece del todo descabellada... ya que, nuestro padre, debería tener siempre la misma diferencia de edad respecto a nosotros. Por ejemplo: si nos tuvo con 30 años, por mucho que pase el tiempo, siempre va ha tener 3 décadas más de diferencia, ¿no? Entonces: ¿pueden explicarme donde está el “truco”?


Resolución matemática de La Paradoja de la Edad Menguante

Para entender esta paradoja, deduje una fórmula matemática que nos ayudará a razonarla adecuadamente. Esta ecuación no sólo sirve para comparar cual es la proporción entre las edades de padre e hijo, sino que podrá aplicarse a dos personas cualquiera.

Para conocer cual es la proporción entre las edades de dos personas, lo que llamaremos el factor de proporcionalidad (F), dividiremos la edad actual de la persona más mayor (Ea) por la edad actual de la más joven (T):


Por ejemplo, si un padre tiene actualmente 40 años (Ea=40) y el hijo 10 años (T=10), el padre tendrá una proporción cuatro veces mayor que la edad del hijo: F=40/10= 4.

Por otra parte, podemos considerar que la edad actual de la persona más mayor (la Ea) es igual a la edad que tenía esta persona cuando nació la más joven (la que denominaremos E) más la edad actual de la persona más joven (la T):


Para nuestro ejemplo anterior: cuando nació el hijo el padre tenía 30 años (E=30) y, actualmente, el hijo (como sabemos) tiene 10 años (T=10). Por tanto, la edad actual del padre es: Ea=30+10=40.

Si substituimos estas dos igualdades, tenemos la fórmula que necesitamos:


Siendo:
T   Años transcurridos desde el nacimiento de la persona más joven (es decir: su edad actual)
E   Edad que tenía la persona más mayor en el momento que nació la más joven
F   Factor de proporcionalidad entre la edades de la persona más mayor respecto la más joven

Jugando con los diferentes parámetros de la fórmula y aplicando diferentes valores, podremos llegar a entender el enunciado de la paradoja.

Miremos algunos ejemplos


1.- Las dos personas tienen la misma edad

En el caso de que las dos personas sean coetáneas, al tener la misma edad: la edad de la “mayor” será de 0 años en el momento de nacer la “menor”, por tanto: E = 0. Si lo aplicamos a la fórmula:


T dividido por T es igual a 1. Así pues, 2 personas nacidas el mismo año siempre tendrán un factor de proporcionalidad de sus edades unitario… ¡lógico!, porqué siempre van a tener las dos la misma edad.

Los hermanos gemelos son el caso más claro de coetaniedad (E=0). Fuente


2.- Una persona tiene el doble de edad que otra

Este es el caso que surgió durante la cena de cumpleaños. Para que una persona tenga el doble de edad que otra, el factor de proporcionalidad entre ambas debe ser: F = 2. Si lo trasladamos a nuestra fórmula: 


Aislamos la T:


Es decir, para que una persona tenga el doble de la edad de otra: la edad de la más joven (que no es más que el tiempo transcurrido T), tiene que ser igual a la edad que tenía la persona con más años, cuando nació la más joven: E.

Y esto no es más que la comprobación matemática de lo que se dijo durante la cena: Martín cumplía 35 años (T=35) y esta era la edad que tenía su padre cuando su hijo nació (E=35); por tanto, ahora su padre tiene el doble de su edad: E+T=70 años.


3.- Una persona tiene el triple de edad que otra 

Si nos interesa saber cuando una persona tendrá el triple de edad que otra, el factor de proporcionalidad, en este caso, será: F = 3. Si lo aplicamos a nuestra fórmula: 


Si aislamos la T:


En este caso, la edad de la persona más joven (T) tiene que ser igual a la mitad de la edad que tenía la mayor cuando la joven nació: E/2.

Por ejemplo: si nuestro padre nos tuvo con 26 años (E=26), cuando nosotros tengamos 13 años (T=26/2), nuestro padre tendrá 39 años (26+13), es decir: 3 veces más que nosotros (39/3= 13).


4.- Una persona tiene diez veces la edad de otra

Si queremos conocer cuando una persona tendrá diez veces la edad de otra, el factor de proporcionalidad deberá ser: F = 10. Si lo trasladamos a nuestra fórmula: 


Si aislamos la T:


Por tanto, en este caso, la persona joven (T) tiene que ser igual a un noveno de la edad de la mayor cuando la joven nació: E/9.

Por ejemplo: si nuestro padre nos tuvo con 45 años (E=45), cuando nosotros tengamos 5 años (T=45/9), nuestro padre tendrá 50 años (45+5), es decir: 10 veces más que nosotros (50/10=5).

Envejecer. Fuente


5.- Una persona tiene infinitas veces la edad de otra

Siguiendo esta progresión… llevada al límite, puede interesarnos cuando una persona tendrá infinitas veces la edad de otra. En este caso, el factor de proporcionalidad tenderá a infinito (F = ∞). Si lo aplicamos a nuestra fórmula: 


Para que se cumpla esta igualdad, T tiene que ser igual a 0, ya que cualquier número (en este caso E), dividido por cero, es infinito:


Que el tiempo transcurrido (T) sea igual a cero, significa que estamos en el momento exacto del nacimiento de la persona más joven. Y esto no es más que la demostración de la primera parte del enunciado de la paradoja: “Al momento de nacer, la edad de nuestro padre es infinitamente mayor que la nuestra”.


6.- Proporción de las edades de dos personas al cabo del tiempo

Por último, si queremos conocer como serán las edades de dos personas después que suceda el tiempo… es decir: cuando T tienda a infinito, y lo trasladamos a nuestra fórmula: 


Considerando que el valor de E es despreciable sumado a infinito, nos queda que el factor de proporcionalidad es igual a un infinito dividido por el "mismo" infinito… es decir: F tenderá a valer 1.

Un factor de proporcionalidad unitario, significa que padre e hijo son coetáneos. Y este ejemplo nos demuestra la segunda parte de la paradoja: “Pero, con el tiempo, acabaremos teniendo, exactamente, la misma edad”.

Hombre que observa el tiempo pasar... Fuente


Conclusiones

  1. El parámetro E es un valor constante: una vez conocida la edad que tenía la persona mayor cuando nació la más joven, este número no variará por más que aumentemos el tiempo transcurrido (T) o el factor de proporcionalidad (F). 
  2. El parámetro E ha de ser mayor que cero (como hemos visto en el primer ejemplo expuesto), esto significa que: para que haya una variación en el factor de proporcionalidad de las edades de dos personas, estas han de haber nacido en diferentes años. 
  3. Los ejemplos del 2 al 5, nos han servido para comprobar que cuanto menor sea el tiempo transcurrido (T), mayor será la proporción de edades entre dos personas (F). En el límite, en el instante del nacimiento de la persona más joven (T=0), la proporción de edades entre las dos será infinita (F=∞). 
  4. El último ejemplo, por su parte, nos ha servido para demostrar lo contrario: cuando mayor sea el tiempo transcurrido (T), menor será el factor de proporcionalidad (F). En el límite, cuando el tiempo transcurrido sea infinito (T=∞), la proporción de edades entre ambas personas será (F=1), es decir, tenderán a tener la misma edad. 

Para visualizar todos los casos expuestos, podemos trazar la gráfica Factor de proporcionalidad respecto el Tiempo transcurrido (F/T) a partir de nuestra fórmula matemática (considerando E un valor constante mayor que cero). La curva resultante tendrá la siguiente forma:



Como podemos observar, la curva traza una asíntota vertical para T=0 y una horizontal para F=1.

Y estas dos asíntotas no son más que la explicación gráfica de las dos partes de la Paradoja de la Edad Menguante, veamos:

  • Asíntota vertical: "Al momento de nacer (para T=0), la edad de nuestro padre es infinitamente mayor que la nuestra (F=∞)".
  • Asíntota horizontal: "Pero, con el tiempo (para T=∞), acabaremos teniendo, exactamente, la misma edad (F=1)".

c.q.d.


Que esta paradoja no nos haga menguar la importancia del tiempo… ¡que importa la edad! Como un día leyó el autor: “Vivamos siempre como si fuera el último día, aprendamos como si hubiéramos de vivir eternamente”.

Junto a mi padre, disfrutando de "nuestro" tiempo. Con una proporción actual de edades de 1,67 (¡y bajando!)

Espero que os haya gustado el escrito ¡Gracias por vuestra atención!

lunes, 11 de mayo de 2015

Gibeon: ¡Contacto extraterrestre!


Cuantas veces, mirando distraídos un cielo estrellado, aparece de repente una estrella fugaz… aparece una efímera luz que traza una fina estela que desaparece en un suspiro… un suspiro que precede que todos pensemos, rápidamente, con algún bienaventurado deseo.

Pero... ¿qué era esa estrella fugaz?

Una estrella fugaz es un fragmento de materia interplanetaria, captada por la gravedad terrestre, con claras intenciones de impactar sobre la superficie de la Tierra y que es volatilizada, en plena caída, por la atmósfera evitando que se "estrelle" sobre nosotros, cual bala perdida.

Han pasado más de cinco años desde el primer artículo que escribí sobre geología en este blog y, precisamente, lo hice hablando sobre meteoritos (una de mis pasiones desde niño). Concretamente, traté entonces sobre un pequeño fragmento de Luna que dispongo en mi colección particular: NWA 4734. La Luna en mis manos.

En esta ocasión os presentaré a Gibeon: ¡un “extraterrestre”!, un ente que ha viajado desde muchísimo más lejos que la Luna: el Meteorito de Gibeon proviene del Cinturón de Asteroides (entre las órbitas de Marte y Júpiter) aproximadamente a unos 450 millones de kilómetros de la Tierra.

Interpretación (sin escala) del Sol y los planetas interiores, desde el Cinturón de Asteroides. Fuente


Definición de Meteorito

Un meteorito es un meteoroide que logra alcanzar la superficie de un astro rocoso, sin que la atmósfera del astro haya podido desintegrarlo totalmente durante su caída. La luminosidad dejada al desintegrarse en la atmósfera se denomina meteoro.

Un meteoroide es la materia que gira alrededor del Sol (o por el espacio interplanetario) y que es demasiado pequeña para ser considerada un asteroide o un cometa. Si son partículas ínfimas se llamarán micrometeoroides.

El término meteoro proviene del griego meteoron y significa "fenómeno en el cielo". Se emplea para describir el destello luminoso que acompaña la caída de un meteoroide al atravesar la atmósfera terrestre.

Meteoroide entrando a la atmósfera, creando un luminoso meteoro. Fuente

Este destello se produce por la incandescencia temporal que sufre el meteoroide a causa de la presión de choque generada por las altas velocidades de caída: el aire atmosférico se comprime al chocar con el cuerpo y, el aumento de la presión, pone al límite su temperatura pudiendo volatilizarlo en el aire, fragmentarlo o reducir considerablemente su masa.

Los meteoritos cuyo descenso o choque son atestiguados por humanos se denominan caídas. El resto, se conocen como hallazgos. Existen aproximadamente 1050 caídas avistadas y más de 31.000 hallazgos de meteoritos bien documentados.

La nomenclatura de los meteoritos hace referencia al lugar donde fueron encontrados en la Tierra: una ciudad próxima, alguna característica geográfica... Por ejemplo, el Meteorito de Willamette (expuesto en el Museo de Historia Natural de Nueva York) toma el nombre de la región donde fue descubierto: Willamette Valley, en Oregón (USA), donde (por cierto) se elaboran buenos vinos. Se trata del meteorito hallado más grande de Norteamérica y uno de los mayores del mundo:

El formidable Willamette Meteorite (USA), con dos niños escondidos en sus oquedades. Fuente

Como hemos avanzado, la mayoría de los meteoroides captados por la gravedad terrestre no son de gran tamaño y se desintegrarán rápidamente al entrar en contacto con la atmósfera de la Tierra… no obstante se estima que, cada año, un centenar de bólidos (de tamaños milimétricos a centimétricos) impactan con nuestra superficie: aunque sólo el 5% son recuperados y más de dos terceras partes de estas caídas se pierden en el mar.

Podemos llegar a creer que sucede siempre la “causa-efecto”: meteorito es igual a cráter de impacto… pero, lo cierto, es que para que se forme un cráter de impacto, el meteoroide causante debe tener una masa suficiente grande, penetrar a la atmósfera con un determinado ángulo de entrada y (lógicamente) no caer en el mar. La mayoría de meteoritos que impactan sobre el suelo terrestre, tan solo crearán un pequeño hoyo de colisión.

El espectacular cráter meteorítico de Barringer o Meteor Crater en Arizona (USA). Fuente

Por último, a pesar de que cada año aparece alguna noticia apocalíptica informando que la Tierra será destruida por algún gigantesco meteorito que viene directo hacia nosotros, debo decir que, afortunadamente, en el registro geológico, es rarísimo que meteoritos colosales se fijen con nuestro pequeño planeta… estemos tranquilos pues y dejemos a “Armageddon” para las películas americanas y el lucimiento personal del bueno de Bruce Willis. J


Clasificación de los Meteoritos

Actualmente, como podemos ver en el siguiente enlace: la Clasificación de los Meteoritos es muy exhaustiva y rigurosa. Para inventariarlos se utilizan diversos criterios como: tipo de metamorfismo de choque, meteorización de la muestra o composición y procedencia del meteorito.

Simplificando, a nivel más básico, podemos utilizar la Clasificación Clásica de los Meteoritos, donde diferenciamos 3 grandes grupos:


1.- Meteoritos pétreos

Los meteoritos pétreos, también llamados rocosos, están formados por materiales silicatados (como la composición mayoritaria de nuestro manto terrestre), tenemos dos tipos:
    • Las Condritas, que son rocas que no sufrieron procesos de fusión o diferenciación magmática en los asteroides o planetas de donde proceden. Representan el 85,7% de los meteoritos que caen a la Tierra.
    • Y las Acondritas que, en este caso, sí sufrieron este tipo de procesos: siendo muy similares a las rocas ígneas terrestres (y, por tanto, muy difíciles de diferenciar). Las acondritas representan un 7,1% del total de las caídas.

Acondrita de tipo lunar, NWA 4734, de mi colección particular (el cubo azul mide 1cm)


2.- Meteoritos metálicos

Los meteoritos metálicos, también llamados sideritos, se caracterizan por estar compuestos por aleaciones de hierro y níquel (en este caso, como la composición de nuestro núcleo terrestre).

La mayoría de sideritos presentan las Estructuras de Widmanstätten. Estas son un bandeado que sólo se puede formar si la aleación fue sometida a grandes presiones... presiones que sólo pueden darse en el núcleo de los astros rocosos donde se formaron. Por tanto, no encontramos este bandeado en ninguna roca de la superficie terrestre, ni hay máquina humana que pueda crearlas. Así pues, si se observan: ¡el hierro es meteorítico, seguro!

Corte pulido de meteorito metálico: se observan las Estructuras de Widmanstätten. Fuente

Los meteoritos metálicos sólo representan el 5,7% del total de las caídas. Pero, debido a su buena conservación y reconocimiento más sencillo, son el 89,3% de la masa total de todos los meteoritos conocidos y el peso de todas las muestras recolectadas supera las 500 toneladas.


3.- Meteoritos metalorrocosos

Los metalorrocosos o sideralitos, son un tipo de meteorito con características intermedias de los otros dos, ya que tienen una proporción variable entre metales y rocas silicatadas.

Lámina delgada de Sideralito. Fuente

En este caso, se cree que estos materiales provienen de las zonas limítrofes entre el núcleo y el manto del asteroide o planeta donde se formaron. Es muy posible que en la Tierra tengamos materiales similares en la Discontinuidad de Gutemberg.

Tan solo representan un 1,5% de los meteoritos que caen a la Tierra y un 1,8% de la masa total de meteoritos catalogados. 


Gibeon Meteorite

Hecha la debida introducción, toca hablar de la muestra que tengo en mi casa: ¡el Meteorito de Gibeon!

Muestra de uno de los fragmentos hallados del Gibeon Meteorite. Fuente

Este meteorito debe su nombre a la ciudad más próxima donde se encuentra su yacimiento: Gibeon (en Namibia) al extremo suroeste del continente africano. Se trata uno de los mayores campos de meteoritos del mundo.

El gran siderito llegó a nuestro planeta en épocas prehistóricas, penetrando a la atmósfera con un ángulo rasante de 30º. Antes de chocar contra la superfície terrestre, explotó en centenares de fragmentos que cayeron dispersándose en una amplia área (de más de 65 kilómetros de ancho por 400 de largo). El bajo ángulo de penetración a la atmósfera y la multitud de pequeños meteoroides, explican el gran tamaño del yacimiento y la ausencia de un cráter de impacto.

El peso de todos los fragmentos que impactaron suma unas 26 toneladas. La mayor parte de estas fracciones quedaron dispersas sobre la superficie. Las condiciones climatológicas favorables evitaron la corrosión del material.

El Meteorito de Gibeon está compuesto por un 87% de hierro y un 10% de níquel. El resto lo forman pequeñas proporciones, de cobalto, fósforo, nódulos de grafito… así como la presencia de de enstatita (piroxeno) y tridimita (cuarzo de alta temperatura).

El ataque acido de las superficies pulidas de las muestras en el laboratorio, permitió revelar la presencia de estructuras de Widmanstätten.

Mi pequeña muestra del Meteorito de Gibeon, con las típicas estructuras de Widmanstätten

Por tanto, el Gibeon Meteorite se puede clasificar como un siderito del grupo de las octaedritas.

Los pueblos indígenas de la región (los bosquimanos) usaban el metal meteorítico para fabricar herramientas y armas. En 1836, el capitán inglés Sir James Edward Alexander, descubrió el yacimiento tomando muestras y enviándolas a Londres, donde se confirmaría su origen extraterrestre.

Mi muestra la adquirí a un vendedor autorizado, a finales de los 90, en la ExpoMiner de Barcelona. Como vemos en la anterior imagen, mi fragmento de cortes pulidos, no es un espécimen muy grande (35x25x4 milímetros) pero es muy representativo: en él se observan, claramente, las estructuras de Widmanstätten.

Y también podemos ver, en el contorno delgado no cortado, la pátina de combustión que se generó durante la caída por la atmósfera terrestre.

Pátina de combustión al contorno, debida a la fricción atmosférica durante su caída

El valor de un meteorito (por su rareza) puede llegar a ser muchísimo más caro que el propio oro. De hecho, estos materiales extraterrestres, trabajados por manos creativas, pueden devenir verdaderas obras de arte:

Anillo de oro rosa con metal del meteorito de Gibeon (se ve el bandeado), valorado por 1800$. Fuente


Sutil relato de un contacto extraterrestre

A modo de resumen, ya en las postrimerías de este post, me quedo anhelado mirando mi pequeña muestra y escucho como me cuenta la historia de su vida.

Me explica que formaba parte del Cinturón de Asteroides, danzando alrededor del Sol... cuando, de repente, chocó violentamente contra otro gran asteroide, lanzando algunos de sus fragmentos fuera de la órbita del Cinturón.

Recreación del choque y fragmentación de 2 asteroides. Fuente

El gran fragmento que contenía mi muestra se quedo solo… ¡errante! Emprendió un largo viaje por el frío y silencioso espacio, hacia ningún lugar.

Su errabundo transito, finalmente, avistó tierra y fue captado por nuestra gravedad… cayó en un mundo poblado por hombres prehistóricos. Entró, muy de lado, por las capas altas de la atmósfera y empezó a descender, velozmente, formando un luminoso meteoro.

La alta combustión que sufrió durante el desplome lo fragmentó, haciéndole explotar a gran altura... se quebró en cientos de pedazos que cayeron dispersados sobre la superficie del oeste sudafricano.

Allí quedó quieto… ¡inerte!, aquel pequeño fragmento que contenía mi muestra. Allí quedó... encastado sobre el suelo del desierto y... ¡pasaron los años!

Al final alguien lo vio, recogió y llevó a analizar. Con fina sierra lo cortaron en diferentes pedazos y los pusieron a la venta. Uno de las muestras (guardada en una urnita de plástico) llegó a Barcelona y se expuso en un estante de la ExpoMiner.

Llegó un estudiante de geología, se quedó mirando embelesado ese pulido fragmento y, tras evaluar su exiguo monedero de universitario, hizo un esfuerzo y... ¡lo adoptó!

Y ese estudiante se ha hecho mayor… pero sigue mirando embelesado ese pequeño ente metálico… ese viajero del espacio… ese extraterrestre que vino de tan lejos para quedarse junto a él.

Mi muestra de Gibeon dentro de su contenedor (sin la urna de plástico, para apreciarse mejor)

Para terminar este escrito, quisiera compartir un cortometraje de animación, llamado "Fallen", que explica la caída de un siderito (como el de Gibeon) desde que entra por las capas más altas de la atmósfera hasta que contacta con la superficie.

La película (de menos de 4 minutos) nos muestra un meteoroide metálico que, cuando comienza a calentarse durante la caída, cobra vida y se convierte en un simpático ser de grandes ojos y largos brazos que se enamora de la visión que tiene de la Tierra y quiere "abrazarla". Fijémonos con los sonidos del film: silencio en el espacio exterior; ruidos, músicas Zen (sobretodo al entrar a la troposfera) y… ¡silencio! Nos guste o no, esto es lo que pasa a la mayoría de meteoritos que logran llegar a la superficie de nuestro planeta:


Espero que os haya gustado el escrito… y espero que con él, entendáis mejor lo que se esconde tras la estela de una estrella fugaz…

¿Pedimos un deseo?