miércoles, 4 de julio de 2012

Magnavox Odyssey, 1972: ¡Comienza la odisea!


Una de mis variadas aficiones son los ordenadores y videoconsolas antiguas... Me gusta, sobretodo, estudiar su historia y evolución. Para ello, dispongo de una pequeña colección de consolas de todos los tiempos: si queréis ver la exposición online de todos mis aparatos, os invito que os paséis por mi Web especializada:


Pues bien, este pasado mayo de 2012, se cumplieron 40 años del lanzamiento de la primera videoconsola doméstica de la historia: la Magnavox Odyssey. La importancia de esta efeméride (que, por cierto, coincide con el mes y año de mi nacimiento), el cariño que le tengo a esta máquina y el mayor respeto a su inventor, han sido motivos suficientes para que me haya decidido a dedicarle un artículo.
  
Mi Magnavox Odyssey (imagen de la Web Videoconsolas)

Pero antes de comenzar esta particular “odisea”, quisiera citar todos los juegos electrónicos que se hicieron previos a la Magnavox. Se trata de videojuegos no comerciales, creados bajo criterios y razonamientos matemáticos y de investigación.


La prehistoria de los videojuegos

El 25 de enero de 1947, Thomas T. Goldsmith Jr. y Estle Ray Mann, crearon el primer juego electrónico interactivo que se conoce. Se trataba de un dispositivo de entretenimiento de tubos de rayos catódicos que creaba la simulación de un radar de misiles como los usados en la Segunda Guerra Mundial. Este aparato utilizaba circuitos analógicos (no digitales) para controlar el haz del tubo y la posición del punto en la pantalla.

Esquema simplificado de un tubo de rayos catódicos

Jugar al Ajedrez contra un ordenador siempre ha sido un reto para los humanos, des de los comienzos de la computación. En 1949, Alan Turing y Claude Shannon diseñaron un programa para jugar al ajedrez que apareció en el artículo "Programming a Computer for Playing Chess" en el “Philosophical Magazine”, pero todavía no existía ningún ordenador suficientemente potente para poder ejecutarlo. En noviembre de 1951, el Dr. Dietrich Prinz, a partir del programa original, lo reescribió para la computadora Ferranti Mark I.
  
Dietrich Prinz, jugando a ajedrez con la Ferranti Mark I (1951)

El 5 de mayo de 1951 fue presentada, en el Festival Británico, la computadora NIMROD, también de Ferranti. Fue diseñada, exclusivamente, para jugar al NIM (el típico juego de palillos, objeto de profundos análisis en el campo de la teoría de juegos y la matemática combinatoria). Utilizaba un panel de luces como pantalla de juego.
  
Computadora NIMROD de Ferranti (1951)

En 1952, Alexander S. Douglas creó el primer juego de computadora que usaba una pantalla gráfica digital. Se trataba del juego OXO (Tres en Raya), diseñado para la computadora EDSAC de la Universidad de Cambridge. EDSAC, por cierto, se considera la primera computadora con almacenado de programas. Para el control de la partida del Tres en Raya, se utilizaba el típico marcador de teléfono giratorio.

 Operarios frente al “gigantesco” computador EDSAC (1952)

Otro tipo de videojuego creado en todas las generaciones de videoconsolas, son los que simulan un partido de tenis (os recomiendo el artículo de este blog llamado: La Evolución del Videotenis). En 1958, William Higinbotham creó un juego de computadora interactivo, llamado Tennis for Two. Lo programó, tan sólo, para entretener a los visitantes que, anualmente, se citaban en el “Brookhaven National Laboratory”. A diferencia de sus predecesores, a este tenis se juega con visión lateral, en vez de tener la visión aérea de los “Light Tennis” o la perspectiva trasera de los videojuegos más actuales.
  
Tennis for Two (1958) de William Higinbotham

Entre los años 1959 y 1961, se crearon una colección de programas gráficos interactivos para la computadora experimental TX-0 del “Massachusetts Institute of Technology” (MIT). Entre ellos, se incluían 2 juegos: el Mouse in the Maze y, de nuevo, el Tic-Tac-Toe (Tres en Raya). Para jugar con estos juegos, los usuarios interactuaban con la computadora mediante un lápiz óptico.

Computadora TX-0, en la Lincoln Lab Room del MIT (1959)

El último videojuego no comercial, previo a la Odyssey, es del año 1961. Lo crearon los estudiantes del MIT: Martin Graetz, Steve Russell, y Wayne Wiitanen. Se trata de un juego “de marcianitos” llamado Spacewar! Fue programado, como un proyecto a sus estudios, en la “minicomputadora” DEC PDP-1 (que, al igual que el Tennis for Two, usaba un sistema de gráficos vectoriales).
  
Videojuego SpaceWar!, para la DEC PDP-1 (1961)
 

Ralph Baer, el “Padre de los Videojuegos”

Hablar de la Magnavox Odyssey, es hablar de su creador: el genio Ralph Baer (que, de forma muy acertada, es apodado como el “Padre de los Videojuegos”). A la mayoría, quizás no os suene el nombre de este gentleman, pero todos, seguro, conocéis al archiconocido juego de memoria SIMON de MB Electronics... pues bien, el también fue su inventor.

Ralph Baer nació en Alemania el 1922, en el seno de una familia judía. Cuando los nazis ascendieron al poder, tuvieron que emigrar a los Estados Unidos. Ya en América, el joven Ralph, muestra un gran talento con los aparatos electrónicos. En 1940 se gradúa como técnico de radios y en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, ayuda a la alianza a combatir a los de Hitler en Londres, interceptando la radio de los alemanes, entre otras funciones de inteligencia militar.

En 1949 obtiene el título de técnico en televisores, trabajando para diversas firmas. En 1958, finalmente, se establece en la empresa Sanders Associattes hasta que se retira en 1987.
  
Ralph Baer (en la actualidad) mostrando a SIMON, su famoso juego de memoria

Pues bien, a mediados de los años 60, Baer comienza a darle vueltas la idea de incorporar juegos de serie, a los televisores que vendía Sanders Associattes. La propuesta fue rechazada por su empresa, al considerarla de poco interés...

En 1968 se le ocurre otra idea: crear un dispositivo externo de juego que se pudiera conectarse a un televisor. Baer la pone en práctica y fabrica, de forma totalmente casera, la primera consola de videojuegos. Para cubrir las “tripas” de la máquina, utiliza unas maderas de color marrón, que acabarán dándole el nombre al prototipo: la “Brown Box”.

A continuación, podéis ver un video, del año 1969, donde Ralph Baer (junto a Bill Harrison) nos hace una demostración de cómo funciona su “Brown Box”, probando el juego de “Tenis de Mesa:


A principios de 1971, Ralph presenta la “Caja Marrón” a su empresa. Ningún directivo muestra hacia ella demasiado entusiasmo… excepto Gerry Martin, un pez gordo de Sanders Associattes, que apoya su proyecto y consigue que le compre la licencia una empresa filial, llamada Magnavox, en marzo del mismo año.

Comenzaba así el desarrollo de la primera consola comercial que, a pesar que cambiaría completamente su exterior, la maquinaria interna sería prácticamente la misma que la del prototipo de Baer. Finalmente, a la “criatura” la llamaron Odyssey... El 27 de enero de 1972 comenzó su fabricación y, el 26 de mayo de 1972, se puso a la venta.

Consola Magnavox Odyssey firmada por Ralph Baer


Magnavox Odissey, la belleza de la simplicidad

La Odyssey es una videoconsola con una arquitectura interior increíblemente simple. Si analizamos sus características técnicas, observamos que no se alimentaba conectada a la red eléctrica: usaba 6 pilas del tipo C o LR14, algo que hoy día sería impensable en una consola de sobremesa... Este detalle da una idea de los escasos requerimientos del sistema.

Casi todos sus componentes son analógicos. No emite ningún tipo de sonido. Las tarjetas para cargar los juegos no tienen componentes internos (como, por ejemplo, los posteriores cartuchos), presentan unas marcas, en su superficie de contacto, que producen las conexiones entre los diferentes pines en la ranura de la Odyssey, trasladando así su información en forma de señal analógica al televisor. La Odyssey, también carece de capacidades de almacenamiento, por lo que no se pueden guardar partidas ni retener información (los jugadores tienen que recordar la puntuación).
   
Gráficamente, la simplicidad es absoluta: cuadraditos blancos sobre un fondo negro. Esta carencia fue suplida con la inclusión de unas superposiciones (“overlays”) de plástico translucidas que se pegaban a la pantalla del televisor y le daban color y viveza a los juegos. A continuación vemos el ejemplo del juego "Tennis", bajo la imagen fija del vinilo translucido del campo de tenis, se observan los verdaderos gráficos de la Odyssey: 2 puntos grandes para los jugadores y un punto pequeño para la pelota.


Gráficos simples de la Odyssey, bajo la superposición de plástico del juego "Tennis"

A parte de estos vinilos translucidos, la Magnavox Odyssey también incluía otros complementos que ayudaban a la inmersión de los juegos. Se trataba de objetos como: tableros, tarjetas, billetes, fichas, etc. que convertían a la primitiva consola, en unos verdaderos "juegos reunidos".
  
Caja original de mi Magnavox Odyssey

Si tenemos la suerte de disponer de una Magnavox Odyssey completa, al abrir su vistosa tapa ilustrada (como la de la anterior imagen), veremos dos bandejas de corcho blanco, apiladas una encima de la otra. En este par de contenedores de porexpán encontraremos guardada: la propia consola, sus accesorios, todos los complementos de los juegos y la documentación.
  
Contenedor superior (tarjetas, documentación, vinilos y complementos)

Contenedor inferior (Odyssey y accesorios para el funcionamiento de la consola)

Si hacemos inventario de esta amplia lista de componentes, en primer lugar, deberíamos tener: la propia consola y los accesorios para que pueda funcionar:
  • 1 consola Magnavox Odyssey
  • 2 mandos de juego (del tipo joywheels)
  • 1 cable para el televisor
  • 1 Interruptor de antena-juego
  • 2 Ganchos para colgar el interruptor de antena-juego
  • 6 pilas de tipo C (las originales eran de la marca: “Red-Lavel Eveready”)

Como soporte para la carga de los juegos, la consola usaba las primitivas tarjetas (sin componentes internos) que antes hemos comentado. Con el set original de la Odyssey, se entregaban media docena (numeradas del 1 al 6). Si nos fijamos con la siguiente lista, vemos los 13 juegos para que eran compatibles cada una de estas 6 tarjetas (los 12 juegos disponibles de serie, más el bonus game: “Percepts”):
  • 1 Tarjeta 1: “Table Tennis”
  • 1 Tarjeta 2: “Ski” / “Simon Says”/ “Percepts”
  • 1 Tarjeta 3: “Tennis” / “Football” (jugadas Pass y Kick off) / “Hockey” / “Analogic”
  • 1 Tarjeta 4: “Football”  (jugadas Play)  / “Cat and Mouse” / “Haunted House”
  • 1 Tarjeta 5: “Submarine”
  • 1 Tarjeta 6: “Roulette” / “Affairs of  States” 

Consola Magnavox Odyssey con sus accesorios y las 6 tarjetas de serie

Como anteriormente también se ha dicho, para dar mayor viveza a los juegos, se ajustaban a la pantalla del televisor unos vinilos translucidos. Con la Magnavox Odyssey, se entregaban 11 láminas (en 2 tamaños diferentes), más la pareja del bonus game: “Percepts”. Tan sólo el "Table Tennis", no utilizaba ninguna superposición para poder jugarlo.
  • 2 Superposiciones para el juego “Affairs of States”
  • 2 Superposiciones para el juego “Analogic”
  • 2 Superposiciones para el juego “Cat and Mouse”
  • 2 Superposiciones para el juego “Football”
  • 2 Superposiciones para el juego “Haunted House”
  • 2 Superposiciones para el juego “Hockey”
  • 2 Superposiciones para el juego “Roulette”
  • 2 Superposiciones para el juego “Simon Says”
  • 2 Superposiciones para el juego “Ski”
  • 2 Superposiciones para el juego “Submarine”
  • 2 Superposiciones para el juego “Tennis”
  • 2 Superposiciones para el juego “Percepts”

12 Superposiciones (en 2 tamaños) para ajustar a la pantalla del televisor

La sencillez de la maquinaria de la consola, obligaba a utilizar diferentes complementos para los juegos para hacerlos más atractivos. Los juegos de la Magnavox Odyssey, se convertían en un híbrido entre un videojuego y un juego de mesa. A continuación podemos ver todos los ítems que se entregaban con el pack original:
  • 1 Mapa de estudio para el juego “Affairs of States”
  • 1 Folleto de respuestas para el juego “Affairs of States”
  • 50 Tarjetas para el juego “Affairs of States” 

Accesorios para el juego “Affairs of States”

  • 1 Tablero para el juego “Football”
  • 1 Marcador de resultados para los juegos: “Football” y “Hockey”
  • 2 Balones para el juego “Football” (se entregan unidos al marcador)
  • 2 Medidores de Yardas para el juego “Football” (se entregan unidos al marcador)
  • 6 Tarjetas “Play” para el juego “Football”
  • 10 Tarjetas “Kick off” para el juego “Football”
  • 10 Tarjetas “Punt” para el juego “Football”
  • 20 Tarjetas “Pass” para el juego “Football”
  • 20 Tarjetas “Run” para el juego “Football”

Accesorios para los juegos “Football” y "Hockey"

  • 1 Tablero para el juego “Ruleta” (detrás del tablero del juego “Football”)
  • 16 Fichas azules para el juego “Ruleta”
  • 16 Fichas rojas para los juegos: “Ruleta” y “Analogic”
  • 18 Fichas blancas para el juego “Ruleta”
  • 100 billetes Odyssey de 5$ para el juego “Ruleta”
  • 100 billetes Odyssey de 10$ para el juego “Ruleta”
  • 100 billetes Odyssey de 50$ para el juego “Ruleta”
  • 100 billetes Odyssey de 100$ para el juego “Ruleta”

Accesorios para los juegos “Ruleta” y “Analogic”

  • 1 Cinta adhesiva (para enganchar las superposiciones al televisor)
  • 1 Lámina de pegatinas para los juegos: “Affairs of States”, “Cat and Mouse” y “Ski”
  • 2 Dados
  • 15 Tarjetas (color lila) para el juego “Percepts”
  • 15 Tarjetas (color verde) para el juego “Percepts”
  • 28 Tarjetas para el juego “Simon Says”
  • 13 Tarjetas “Secret Message” para el juego “Haunted House”
  • 30 Tarjetas “Clue” para el juego “Haunted House”

Accesorios para el resto de los juegos

Por último tenemos la documentación original entregada con la Magnavox Odyssey: 
  • 1 Manual de usuario (IB 2622)
  • 1 Tarjeta "Registration"
  • 1 Tarjeta "Thank You"
  • 1 Tarjeta "Notice"
  • 1 Hoja "How to get service"
  • 1 Hoja "Receive a free Odyssey Game!"
  • 1 Hoja de instrucciones del bonus game: “Percepts”

Documentación completa de la Magnavox Odyssey

Por último, tenemos las 2 tarjetas de inspección de la consola (una de ellas pegada en la parte inferior del aparato). Estos documentos son el verdadero certificado de autenticidad de nuestra Odyssey, en ambos casos ha de coincidir la información y encontraremos el número de serie y todos los datos técnicos y de control de fabricación de la máquina.

Tarjetas de inspección de la consola (deben coincidir todos los valores de ambas)


Odyssey… el “Dorado” de cualquier coleccionista

La Magnavox Odissey, a pesar de ser la primera consola comercial de la historia y no tener competencia (hasta 1975, con la aparición de Atari Pong) no tuvo el éxito esperado: se vendieron relativamente muy pocas unidades. Los motivos de esta poca aceptación fueron varios: en primer lugar, su elevado precio de comercialización (unos 100$ de la época); otro motivo fue que sólo fue vendida en almacenes Magnavox y, por si fuera poco, hicieron correr el rumor que sólo funcionaba en televisiones de su marca.

A continuación, podemos ver los 2 anuncios televisivos de la Odyssey (emitidos en 1972 y 1973 respectivamente) y, al final del vídeo, la presentación de la consola al conocido programa estadounidense “What’s My Line?” de la CBS:


Pues bien, de estos pocos ejemplares que se vendieron a principios de los 70, actualmente quedan muy pocos en buen estado. Por tanto, tener hoy una Magnavox Odyssey completa y funcionando representa un verdadero tesoro para cualquier coleccionista.

Mi unidad, si miráis en mis tarjetas de inspección de la consola, es de las primeras que se fabricó (modelo 1TL200 BLAK), salió de fábrica en agosto de 1972, su número de serie es el 7451921. Está impecable, funcionando y con todos los accesorios.

La gané en una subasta por Internet (yo puse el precio de cierre en el último segundo, cogiendo por sorpresa al resto de pujadores). Fue sobre las 4 de la madrugada (hora española) del 24 de junio de 2008. El anhelado aparato me salió por sólo 124$... ¡increíble!, no os podéis imaginar, a esas horas intempestivas, los botes de alegría que di con mi mujer, al saber que había ganado: ¡pero que ilusión!, ¡que gran suerte! A día de hoy, es difícil conseguir una Odyssey… las pocas completas que he visto a la venta llegan a pedir verdaderas barbaridades (¡hasta 3000 dólares!). El subastador, un cordial vendedor profesional de North Olmsted (Ohio), me asesoro en todo lo relativo a la histórica consola que acababa de ganar y la protegió, con exagerada delicadeza, para que pudiera recibirla en mi casa como nueva.



Y aquí finaliza esta odisea… pero no acaba la gran epopeya que provocó el nacimiento de esta máquina, hoy ya cuarentona… no termina esta fructífera saga que nos ha llevado al umbral de las puertas de la octava generación de consolas de sobremesa.

¡Felicidades Mr. Ralph Baer! ¡Felicidades Magnavox Odyssey! 

sábado, 16 de junio de 2012

Los amigos caben en un carrito de bicicleta

Como sabéis, uno de mis hobbies es restaurar bicicletas. Por otra parte, ya desde pequeño, siempre tuve la ilusión de tener un carrito de esos para ser arrastrados por un ciclo (como el que utilizaba Pancho en la serie televisiva española, de los años ochenta: Verano Azul). Pero soy consciente que  estos remolques son caros y, actualmente, para mí no tienen ninguna utilidad práctica... es decir: simplemente sería un mero capricho.

Los protagonistas de la serie Verano Azul sobre sus "miticas" bicicletas

Pues bien, a principios de este año, me regalaron un ruinoso y oxidado carrito para bici. En seguida comencé a pensar como restaurarlo… hice cuentas y la restauración era inviable ya que, debido a su pésimo estado, los gastos que generarían la mano de obra de especialistas y los materiales usados, sumarían más que comprar otro nuevo… ¿Fin de la historia? ¡No! Al saber mis intenciones, mucha gente de mi alrededor, se volcaron para ayudarme. ¡Todos de forma desinteresada!, todos quisieron subirse a este carro, para hacer juntos realidad mi anhelado y pertinaz sueño.

En primer lugar, quisiera dar las gracias a la familia Rodríguez Portillo por regalarme el carrito viejo y, con él, la ilusión de poder darle otra oportunidad a ese denostado remolque. Quiero agradecerles, públicamente, su hospitalidad… porqué siempre me hacen sentir uno más de la familia cuando voy a su finca del barranc de la Vall del Pastor.
  
Estado decrépito en que se encontraba el carrito cuando se me entregó

Bueno, lo primero que hice fue desmontarlo: saqué una cadena que venía colocada en la parte trasera del remolque (y que substituía una barra de hierro travesera perdida antaño), desarmé la pesada y podrida caja de madera y, por último, descarté las inaprovechables ruedas (con la llanta totalmente descantillada y abierta). Ya, con sólo el chasis del carrito, me fijé que los tubos: estaban muy oxidados, con abolladuras y con los orificios de los extremos sin sellar… pero podría salvarlos, excepto la barra inferior trasera, que estaba doblada y en muy mal estado (como se ve en la anterior foto).

Tocaba buscar 2 barras de hierro (de igual diámetro que las del chasis) para substituir la doblada en mal estado y la travesera perdida. Fue el pintor y escultor Toni Camarasa (www.tonicamarasa.net) quien me dio estos dos tubos: encontrados entre el material de reciclaje que utiliza para la creación de sus obras.

Escultura con hierros reciclados del artista Toni Camarasa

El siguiente paso era soldar las barras al chasis… Aquí entro en escena mi amigo Santi Diaz (gran conocedor y amante del bricolage). Cordialmente, me invitó a su casa un sábado por la mañana… después de desayunar una buena parrillada, se puso manos a la obra: primero cortó con la radial el tubo viejo a substituir, luego cortó a medida las 2 barras a restituir y, por último, las soldó en el sitio correspondiente del remolque.
  
Santi soldando las dos nuevas barras traveseras al chasis del carrito

Hasta ese día, todavía no sabía si ponerle al carrito una caja nueva o sólo una base (para así aligerarle peso). Santi me solucionó esa duda: buscó por su almacén y encontró dos retales de plancha de acero galvanizado. No tan sólo me los regaló que, encima, los cortó a medida con la radial y los soldó fuertemente, como base para el remolque.
  
Planchas de acero galvanizado soldadas (vista desde abajo del remolque)

Con el trabajo impagable del bueno de Santi, mi carrito ya empezaba a tener forma... Ahora tocaba tapar las aberturas de los extremos de los tubos y cubrir las pequeñas abolladuras de su superficie. Para ello me asesoró otro artista: Jordi Pascual Morant (www.pascualmorant.com). Jordi, especialista con trabajos con resina de poliéster, me regaló un frasco de masilla fina de poliéster para coches y un tubo de pasta BPO (compuesta por peróxido de dibenzoílo). Con estos 2 componentes, pude amasar la masilla para cubrir y tapar todas las imperfecciones del chasis. 

Masilla aplicada a las pequeñas abolladuras y a los extremos abiertos de los tubos

Una vez terminado el enmasillado, era momento para hacerle al carrito las perforaciones que necesitaría para ponerle, posteriormente, algunos de sus accesorios…Con mi taladro eléctrico y una broca para metal del número 5, hice cuatro agujeros para la colocación de los 2 catadióptricos triangulares traseros. Después, con una broca para metal del número 13, realicé un orificio en la plancha para poder pasar el tornillo de un caballete plegable.

Agujero del 13  practicado en la plancha, para la colocación de un caballete plegable

Llegó el momento para dejar el chasis a punto para el pintado. En primer lugar, con una lima para hierro, alisé todos los salientes y rebabas de los tubos. Después, usando más el tacto que la vista, me enfrasqué sobre el óxido y los sobrantes de la masilla, con un papel de lija fino (de 150) . 

Tubos lijados y salientes limados: todo preparado para la imprimación

Para pintar el remolque me dejé ayudar por una empresa puntera en el sector y referencia en todo el país en aplicaciones industriales y decorativas: Aplindec, S.L. (www.aplindec.com). Su gerente, Emmanuel Gordo, me asesoró como debía tratar la superficie, así como pintarla de forma correcta en posterioridad. A parte de esta valiosa información, me dejó desinteresadamente un pote de imprimación y otro de esmalte metálico.

Ya en mi taller, extendí en las barras de hierro y sobre la plancha de acero galvanizado, una capa de la “Imprimación multiuso para superficies de difícil adherencia”. Para hacerlo, utilicé un pincel fino para los tubos y un rodillo pequeño para la plancha. 

Imprimación aplicada a los tubos y a la plancha de acero galvanizada

Tocaba pintar el remolquito... Para ello utilicé el pote de “Esmalte metálico antioxidante (gris forja)” que también me cedió la empresa Aplindec. Otra vez utilicé un pincel para pintar los tubos y un rodillo pequeño para la chapa. Le apliqué 2 capas.

Aplicación del esmalte gris forja al cuerpo del remolque

Acabadas las tareas de pintor, me lancé con el montaje de los accesorios. Lo primero era encontrarle unas ruedas nuevas… para ello, aproveché las de una vieja bicicleta de montaña infantil. ¡Eran perfectas! Su tamaño (20x1,75), mucho mayor que el original, se ajustaba, perfectamente, al hueco dejado por los tirantes del remolque. Su llanta de aluminio, le ofrecía mayor ligereza al conjunto y las cubiertas, típicas de “mountain bike”, le daban una imagen renovada y más moderna al carrito.

Para que las ruedas, al ser montadas, quedaran más estéticas y simétricas, le saqué el piñón (ya que para usar en un remolque, esa pieza queda inservible). Para este proceso me ayudó, desinteresadamente Iván, mecánico de bicicletas de Fàbregues.


Rueda trasera de la mountain bike infantil, con el piñón extraído
.
En una bicicleta, el ancho de los ejes de la rueda delantera y trasera son diferentes: el eje trasero es más largo, precisamente, para poder llevar montado el piñón... en cambio, en un remolque, el espacio para la colocación de las ruedas suele tener la misma separación. En mi carrito, esta distancia coincide con la del eje mayor de mis ruedas. Así pues, para igualar la distancia más corta del eje de mi rueda delantera, respecto la trasera, le coloqué bien ajustadas, a cada lado de este eje corto, 2 tuercas para darle así el grosor necesario.

Los anteriores propietarios no debieron tener en cuenta estas diferencias y, al apretar las tuercas de la rueda del eje menor, doblaron y deformaron considerablemente el tirante derecho del remolque. Para enderezarlo (con sumo cuidado) utilicé el gato mecánico de mi coche, accionándolo lentamente hasta conseguir dejar perfectamente enderezado dicho tirante.

Enderezando el tirante derecho del remolque (con el gato mecánico del coche)

A parte de las ruedas, como podemos ver en la siguiente imagen, necesité algunos pocos accesorios más para el montaje del carrito: los dispositivos ópticos, las piezas para el enganche y un caballete plegable (del tipo pata de cabra) pensado para dejar nivelado el remolque, al desengancharle la bici:
  
Todos los accesorios utilizados para el montaje del remolque

La mayoría de estos accesorios los tenía en el “cajón de sastre” de mi taller: las 2 ruedas, los 2 catadióptricos delanteros (blancos), una de las 2 luces traseras rojas (de tipo led), el caballete plegable, las correas de amarre y el enganche para la tija del sillín de la bici “tractora”.

Por cierto, mi enganche (con palometa), es un artilugio que encontré tirado en una cuneta, desconozco su función real, pero a mi me ha ido de maravilla, siendo una pieza estable, segura y de fácil ensamble.

Detalle del enganche situado en la tija del sillín de mi bici plegable

Pues bien, a continuación, podéis ver diferentes fotos del antes y después de la restauración (clickad para ampliarlas):





Hacer realidad este remolque para bicis es hacer realidad aquel sueño de mi niñez...
  
Mi carrito y yo

¡Disfrutemos la vida!, disfrutemos de la gente que nos rodea, disfrutemos de este preciso instante… Dejemos siempre abierto nuestro pequeño carro, para que todos (bien apretados) podamos subir en él y compartir el camino tortuoso de la vida.

martes, 1 de mayo de 2012

Las Piedras de Barcelona

Fue este pasado 10 de febrero, cuando el artista y amigo Jordi Pascual Morant, sabedor de que soy aficionado a dar largos paseos y un amante irreductible de mi Barcelona natal, me sorprendió llevándome a un excéntrico rincón de la capital: una calle llena de encanto, diáfana, atemporal… una calle que aparece como pintada en una acuarela del almeriense Julio Visconti… Este singular espacio es el carrer d’Aiguafreda, en el barrio barcelonés d'Horta.

 Carrer d’Aiguafreda de Barcelona

El motivo principal de nuestra visita, a este encantador lugar, fue para comprobar como sus primeros moradores habían sacado todo el provecho a ese bien escaso que es el agua, construyendo con ingenio: pozos, abrevaderos o lavaderos públicos... De hecho, una amiga de este blog, me explicó que en esta calle, también conocida como carrer de les Bugaderes (lavanderas), desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, se lavaba la ropa de fondas, hospitales y gente pudiente de la ciudad.

Mientras admirábamos y comentábamos todos los detalles del lugar, observé que las baldosas de la calle (que podemos ver en la foto anterior) eran de cerámica y diferían, completamente, de las típicas utilizadas en las aceras de Barcelona. Después de divagar un poco sobre pavimentos, Jordi acertó a decirme que este podría ser un buen tema para un futuro artículo de este blog.

Pero antes de explicar como ha sido cubierta por la mano del hombre esta gran ciudad, si me permiten, primero, me gustaría “desnudarla”… ¡Sí!, quisiera desarropar Barcelona de todos sus elementos antrópicos, para que vean de qué materiales está formada, en su interior…

Un poco de geología urbana

Barcelona se encuentra confinada entre los ríos Llobregat y Besòs, ocupa un plano inclinado (NW-SE) que se extiende desde la sierra de Collserola hasta el mar. Barcelona es una verdadera “cuenca de deposición humana”, un receptáculo inagotable de materiales de construcción... pero en su subsuelo, encontramos una geología interesante y diversa.

Vista completa de Barcelona desde Collserola (clicad para ampliar). Foto de Wikipedia

En primer lugar, alineados a la Serra de Collserola y englobados dentro de la ciudad, encontramos 7 cerros (ver La Ruta dels Set Turons de Barcelona, en este mismo blog). Tanto Collserola, como estos siete oteros, están formados por pizarras, areniscas y, en menor proporción, por calcáreas. Estos materiales se encuentran afectados por intrusiones de granitos y granodioritas. Todas estas rocas son del Paleozoico (entre 500 y 300 millones de años) y un complejo sistema de fallas las escalona, de forma descendente, en dirección a la actual línea de costa.

Encima de los escalones paleozoicos más bajos se asientan materiales del Neógeno. Son depósitos deltaicos del Mioceno (entre 25 i 5 millones de años), formados por areniscas arcósicas con niveles de margas y abundante registro fósil marino y botánico. Y depósitos marinos y de estuario del Plioceno (entre 5 i 2 millones de años) compuestos por limos, areniscas, margas grises y, también, abundantes restos de fauna marina. Todos estos sedimentos neógenos, afloran en relieves relativamente significativos como: la montaña de Montjuïc o el Mont Tàber*.

*.- El Mont Tàber es una pequeña elevación del terreno (donde hoy encontramos, entre otras, la plaça Sant Jaume o la Catedral de Barcelona) y fue el lugar escogido por los romanos para instalar su primer asentamiento.

Placa de la cota altimétrica del Mont Tàber, en pleno Barri Gòtic de Barcelona

Por último, en los llanos de Barcelona, los materiales del Paleozoico y del Neógeno han sido cubiertos por los del Cuaternario. Se trata de depósitos del Pleistoceno (entre 2 millones y 8000 años) provinentes de abanicos aluviales y terrazas fluviales, formados por gravas, arenas, limos y arcillas rojas. Y depósitos del Holoceno (entre 8000 años y la actualidad), situados en las partes bajas de la ciudad, compuestos por gravas, arenas, limos y arcillas; y debidos a sedimentos de playa, antiguas marismas o por el registro sedimentario de los deltas fluviales del Llobregat i del Besòs, ubicados a los flancos de la ciudad.

A continuación, extraído del documento: "Geologia del Pla de Barcelona des de l'Observatori Fabra" (Generalitat de Catalunya. Departament de Territori i Sostenibilitat. Institut Geològic de Catalunya. www.igc.cat)podemos ver el mapa geológico de la ciudad de Barcelona y de su área metropolitana (clicad para ampliarlo): 

Mapa geológico de la ciudad de Barcelona y alrededores, IGC (2010)

Los atavíos de Barcelona

Hechos los debidos prolegómenos, pasemos a analizar como ha sido tapada la heterogénea geología de esta ciudad… quedando, salvo raro afloramiento, prácticamente toda cubierta.

Este gran “vestido”, tejido a medida para la bella Barcelona, en primer lugar, lo forman sus edificios (si queréis saber de que están construidas las casas, podéis leer la Geología Doméstica, también en este blog). Para sus calles y plazas, encontramos materiales como: hormigón, rocas ornamentales o alquitrán… para sus parques y zonas verdes: plantas, suelo vegetal y/o tierras de relleno y agua.

Pero volviendo a la charla que mantuve con Jordi en febrero… he de reconocer que siempre he sentido curiosidad por los “panots” (baldosas en catalán) que pavimentan las aceras de mi ciudad. Se tratan de losetas hechas de hormigón (cemento, arena y agua) y fabricadas a partir de la técnica del pavimento hidráulico. Son piezas tremendamente útiles: decorativas, resistentes al desgaste, con propiedades antideslizantes (incluso mojadas), sufridas y fáciles de limpiar.

Este artículo se centrará con los panots originales (de principios del siglo XX) que decoraron una ciudad en pleno proceso de ensanche. Fue en 1916, cuando la empresa Escofet i Cia ganó el concurso convocado por el Ayuntamiento de Barcelona para encargarse de la fabricación del pavimento que se había de colocar al creciente entramado de calles. Escofet i Cia presentaron hasta 8 modelos que (en menor o mayor proporción) todavía podemos “pisar” en nuestras aceras.

 Panots originales de Escofet i Cia, de principios del siglo XX

1.- Panot de Gaudí

Los diseños de estos 8 panots fueron creados por diversos artistas, del que destaca, sobre todos: Antoni Gaudí.

El genial arquitecto creó, para Escofet i Cia, una exquisita baldosa (de forma hexagonal) que presentaba sus grabados seccionados en tres de sus ángulos. De esta forma, el motivo (o dibujo resultante) sólo se podía visualizar cuando se juntaban, a cada uno de los lados del hexágono, 6 baldosas más.

Recreación decorativa del Panot de Gaudí

Pero a parte de esta obra de arte (que podemos disfrutar en el passeig de Gràcia), Escofet i Cia también presentó otros 7 modelos más, todos ellos de base cuadrada (de 20 centímetros de lado y 2 de grosor). Estos panots cuadrados son: la Flor, Chocolate, Cuatro Ojos, Rastrillo, Diana, Llavero y Rosas. 

2.- Panot de la Flor

La Flor es el modelo más representativo de las aceras de Barcelona. Sus sencillas líneas, dibujando una minimalista margarita, es todo un símbolo del Modernismo de la ciudad. Como podéis ver, esta baldosa, es también el símbolo e icóno de Las Piedras de la Ágora.

Yo, hasta la fecha, he podido observar cuatro modelos diferentes de panots de la Flor (es posible que haya alguna otra "versión" más, si la conocéis, poneros en contacto dejándo un comentario al final de este escrito):

El modelo original, diseñado por Escofet i Cia., presentaba unos pétalos anchos, como se puede apreciar en la siguiente foto:

Panot de la Flor (modelo original)

Curiósamente, esta baldosa, se dejó de fabricar hace décadas... gracias a la presión popular, desde los años 90, se ha vuelto a recuperar... pero el módelo actual tiene unos pétalos más pequeños, representando una margarita más compacta que la original:

Panot de la Flor (modelo actual)

El tercer modelo que podemos ver por nuestras aceras, es una baldosa de la Flor donde los pétalos contactan con el círculo central mediante líneas paralelas:

Panot de la Flor (de pétalos paralelos)

El último modelo, quizás más raro de ver, es uno donde los pétalos (a diferencia del modelo actual) són más grandes que los que presenta el panot original. La "flor" resultante son, en realidad, 5 círculos (parece que estemos mirando, desde arriba, 4 bolas juntas y otra más apilada encima de ellas):

Panot de la Flor (de los cinco círculos)


3.- Panot del Chocolate

Se trata de la baldosa con el diseño más discreto de todas (dos surcos en cruz). Como su nombre indica, es como una tableta de chocolate de 4 porciones. A pesar de su simpleza es, posiblemente, el panot más repetido de la ciudad. Personalmente, lo encuentro demasiado sobrio e impersonal...

Panot de la Xocolata

Existe otro modelo de Panot del Chocolate mucho más difícil de ver: se trata de una tableta de 9 porciones. Curiosamente, a pesar de ser un panot poco habitual en la capital catalana, lo podemos ver, ampliamente, en aceras de otras ciudades como, por ejemplo, las de Tortosa.

Panot de la Xocolata (de 9 porcions)

4.- Panot de los Cuatro Ojos

Esta baldosa, simplemente, es la del Chocolate a la que le han añadido 4 círculos dentro de cada una de sus porciones. Es un modelo que sigue manufacturándose con éxito en la actualidad.

 Panot dels Quatre Ulls

5.- Panot del Rastrillo

El sencillo panot, de 5 franjas paralelas con 4 surcos (como si se hubiese marcado con un rastrillo), es uno de los panots originales que comienza a ser raro ver por las calles de Barcelona.

 Panot del Rasclet

Todo el contrario le está pasando, a un "nuevo" panot del rastrillo: con 4 franjas paralelas y 3 surcos de igual grosor... Su gran éxito se debe a que, su diseño acanalado, es ideal como guía para los ciegos. Lo suelen poner en los chaflanes para que los invidentes puedan acceder, de forma segura, hasta el bordillo de los pasos de peatones.

 Panot del Rasclet (de 4 franjas)

Al igual que sucedía con el panot del Chocolate de 9 porciones, encontramos un tercer panot del rastrillo: de 6 franjas y 5 surcos; muy raro de ver en Barcelona pero habitual en otras localidades catalanas.

Panot del Rasclet (de 6 franjas)

6.- Panot de la Diana

Al igual que el Rastrillo y la Flor original, los tres modelos que quedan por exponer, tampoco se fabrican en la actualidad… inevitablemente, pues, están condenados a su desaparición. El primero es el de la Diana, formado por 3 surcos en círculos concéntricos.

Panot de la Diana

7.- Panot del Llavero

El Llavero es, quizás, el panot que más estima tengo... Recuerdo, de pequeño, que lo miraba y me gustaba la forma de su grabado… pensaba que era como si hubieran “mezclado” el panot de los Cuatro Ojos con el de la Flor. Una pena que tenga que desaparecer sin remisión…

Panot del Clauer

8.- Panot de las Rosas

Hasta hace poco desconocía la existencia de esta insólita baldosa: el panot de las Rosas o de la Rosa. Fue gracias a la información del blog Barcelofilia, que pude visitar su reducidísima localización y conocerlo. Tiene un diseño de bella estampa modernista… la verdad, no alcanzo a comprender como está prácticamente extinguido…

Panot de les Roses

Y aquí me tenéis caminando por mi vieja ciudad: solo o, tal vez, acompañado… Aquí me tenéis, con la mirada baja, imaginando que geología esconden las baldosas que ahora piso, estas losas que entierran mil recuerdos inconfesables... Aquí me tenéis, perdido entre las piedras de esta ágora que es el horizonte y firmamento de mi Barcelona natal.