jueves, 2 de agosto de 2012

Historia Universal de la Música Moderna


Prólogo

Como sabéis soy un enamorado del arte. Concretamente, pienso que la música es la forma artística más directa de llegarnos al alma… Pues bien, hace ya un tiempo que rondaba por mi cabeza escribir un post que explicara de forma sintética y breve, pero a la vez global y representativa, los diferentes tipos de música, digamos moderna, que se han hecho y deshecho desde aquellos primeros compases del rock & roll.

Mirando como podría enfocar el artículo, acerté en pensar con mi buen amigo David Monserrat. David es, posiblemente, la persona con la cultura musical actual más prominente que he conocido... no en vano, ha sido referencia en mi aprendizaje y, desde siempre, hemos mantenido buenas charlas sobre temas musicales.

David y un servidor, mayo 2012

A David lo conocí el setiembre de 1990, en las fiestas mayores de su Tortosa natal. Surgió, entre los dos, una buena amistad… amistad duradera en el tiempo… amistad cimentada por el buen rollo y, como no, también por la música.

Y, entre ambos, casi por generación espontánea, se formó un grupo de cinco “elegidos”, cinco almas jóvenes (y algo alocadas) con las mismas inquietudes, gustos y sueños… A este grupo lo llamamos “Los Cinco Magníficos” y, pese a una prematura deserción (y mejorada restitución), se ha mantenido unido hasta la actualidad. La última reunión del quinteto al completo, fue para mi despedida de soltero… ¡que peligro!

Los Cinco Magníficos (Sergi, Humbert, Michel, Vicent y David), Carnaval de 1992

Mirando esta desgastada instantánea, de hace ya más de 20 años, no sin cierta nostalgia volvemos al presente una vez más... Querido David, quedamos ya en tus manos… ¡cuéntanos que paso!


Historia Universal de la Música Moderna (por David Monserrat)

Ya sé que el título del artículo de entrada puede parecer pretencioso, y lo es, pero es que las palabras son de las pocas preciadas posesiones que nos quedan en la actualidad. ¿Por qué vamos a conformarnos con nuestra modestia innata si podemos soñar al menos con escribir hitos de nivel estratosférico?

Después de esta disertación con aires quijotescos entraremos en materia. Me gustaría, a base de sutiles pinceladas, pasar de puntillas por las etapas de la historia musical más reciente, concentrándome en las tres últimas décadas.



Los 80, 90 y 2000 han sido años vividos intensamente por un servidor junto a mi amigo Humbert, genio creador de esta fantástica web. Esta era musical que nos ha tocado vivir y en la que hemos sido, en mayor o menor medida, espectador y participe, ha constituido un periodo emocionante lleno de experimentación sonora, rebeldía estética y evolución tecnológica.

Hemos visto el progreso constante de la industria de la producción discográfica, de hecho los formatos en la edición musical y las técnicas de grabación han evolucionado durante estos últimos treinta años mucho más que la misma música que contiene. Pasamos del vinilo y la cinta de casete al CD y a los archivos digitales en múltiples formatos, siendo testigos presenciales de la transformación del formato analógico al digital.



Han aparecido también gran número de estilos musicales, unos con mayor o peor fortuna a la hora ser catalogados, pero todos con el común denominador de ser herencia de géneros propios de tiempos anteriores.

Queda claro que conceptos como el rock, pop (híbrido surgido del anterior), folk, reagee, jazz, soul, blues, y el funk, son los padres de todos los tipos de música aparecida con posterioridad, estando presentes durante toda la evolución de la misma. Ya ven que no incluyo por ejemplo el flamenco, la salsa, la samba etc., por diferenciarlos con la etiqueta de música popular o de raíces.

Pero antes de ofrecer esa visión global del pasado musical más reciente, me gustaría contarles un cuento, si, como suena, un cuento. Este pequeño relato tiene la particularidad de que, como si se tratara de un telefilm de domingo por la tarde, está basado en hechos reales:

“Había una vez en una comarca muy, muy lejana, una aldea en la que vivían unos jóvenes apartados del orden establecido. Mientras en el mundo exterior reinaban otras tendencias, los integrantes de esa especie de tribu continuaban en sus treces escuchando estilos musicales de antaño como el Rock Sinfónico, el Folk o incluso la Psicodelia. Vivían como en una burbuja, devorando películas en formato Beta, petándose la paga en los recreativos y jugando al Spectrum o al Commodore en la habitación de su casa. Sus héroes más mediáticos eran Freddy Kruegger, Frank Zappa, a cual más feo por cierto, y el insigne creador del Vodka Smirnoff.

Casi no tenían contacto con el sexo femenino, al menos en el sentido festivo del concepto. Todo lo más, dejaban emerger algún amor platónico que otro, pero sin llegar ni siquiera a cruzar media palabra con la elegida.

Así pasaba el tiempo cuando paulatinamente empezaron a  tener contacto con unos seres venidos de otro planeta. Si, esos O.R.N.I.S. (objetos raros no identificados) se dedicaban a hacer incursiones en la aldea, sembrando placentero desconcierto y haciendo tambalear el estatus quo que reinaba por esos lares.

Uno de los habitantes de la tribu, empezó a tener gran curiosidad sobre la idiosincrasia de aquellos seres. Siempre había sido uno de los más abiertos del grupo a la hora de experimentar con nuevos sonidos. Por lo que el desenlace era inevitable, teniendo como consecuencia la formación de un clan, la banda de los Cinco Magníficos, formada por cuatro extraterrestres más el terráqueo desertor.

Lo mejor del asunto es que al final este grupo acabó fusionándose con el anterior y con más gente venida de otros rincones de esta y otras galaxias. Se generó una fiesta continua en la aldea, siendo todos felices y comiendo perdices, o bebiendo gin-tonics, según como se mire”.



Esta historia aunque no lo parezca contiene una moraleja, lo que pasa es que aún no la he encontrado. Pido disculpas por ello y espero poder hallarla y desvelarla antes de acabar de escribir estas líneas.

Para centrarnos en la época musical que nos tocó vivir y así de paso reconducir el verdadero sentido del artículo, no deberíamos olvidar de dónde venimos. Hay que recordar que en los Estados Unidos a mediados de los 50 se inventó una cosa llamada rock. Un tal Elvis Presley con su canción That’s All Right tuvo algo que ver en ello, logrando la fusión del sonido country de los blancos con el rhythm & blues de los negros. Aquí, en el suelo patrio, la copla y el bolero dieron paso progresivamente a la llamada canción ligera.

Video 1Elvis Presley, como ejemplo de los años 50

Luego de la decadencia de los primeros ídolos del rock and roll a finales de los años 50, el protagonismo lo tomaron los artistas de color, quienes a principios de los 60 pusieron a bailar a todo mundo con su sonido Motown; un vendaval sonoro a ritmo de R&B, soul y funk. El renacimiento del folk también tuvo su lugar destacado en esta década que culminó con la creación del movimiento hippie y el Festival de Woodstock.


Bandera pacifista desplegada en el Festival de Woodstock, 1969

Mientras tanto, algo se estaba gestando al otro lado del océano. El pop surgió en las Islas Británicas con una fuerza tan descomunal que hizo que a partir de ese momento imperara su hegemonía musical. En España, los guateques fomentaban tanto el roce entre sus asistentes como la apertura hacía los nuevos sonidos (Los Bravos sería un buen ejemplo con su exitoso Black Is Black), además Massiel gana Eurovisión.

Video 2: The Beatles, como ejemplo de los años 60

Como logro tecnológico destacamos el nacimiento de la cinta de casete aunque su desarrollo comercial no culminó hasta la siguiente década.

Los 70 empiezan de la peor manera con muertes por sobredosis de mitos como Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison. Si a todo esto sumamos la separación de los The Beatles pues nos quedamos con una entrada de década poco esperanzadora, la verdad. Aún así se vivieron emociones fuertes en forma del despliegue de estilos tan dispares como el heavy metal, el glam, el rock sinfónico y la música disco. Y no sólo eso, también hubo lugar para que a mediados de la década surgiera como un cataclismo el movimiento punk con todo lo que conllevó dicha contracultura.

Video 3Bee Gees, como ejemplo de los años 70

En España lo más reseñable sería la consolidación del género pop junto con la popularización de los cantautores, la mayoría de los cuales bajo el escudo de la canción protesta. Los intérpretes en lengua catalana alcanzan gran protagonismo en esos momentos mostrando con su arte el descontento popular ante el régimen dictatorial.

Con este caldo en ebullición lo que viniera prometía emociones fuertes y no defraudó en absoluto. La década de los 80 en su conjunto atesora el título de ser una de las más vitalistas y entusiastas de toda la historia de la música.


Ejemplos de cantantes y grupos de la década de los 80

El descubrimiento del CD junto a la aparición de la cadena musical MTV y consigo la popularización de los videoclips, materializaron una nueva manera de disfrutar de la música. Consagración de estilos como el hip hop, el nacimiento del synth-pop, el techno, el hair metal, la implantación del indie, el new wave… cimentaron los ejes principales sobre los que se alzó una cultura musical rica en diversidad, experimentación y en laca, si, así como suena, mucha laca. Y eso que veníamos del glam, que en la década anterior ya nos mostró las virtudes de tal producto capilar. Con esto y la ropa más in (de inimaginable) se diseñaron unos looks de lo más variopinto rozando lo friki –te acuerdas de cómo íbamos por la calle, Humbert? En España no hace falta decir que la movida madrileña y todo lo que se derivó de ella fue, con diferencia, lo más destacable.

Video 4Dire Straits, como ejemplo de los años 80

Entramos en los 90, la era de Internet y las nuevas tecnologías. Se reactiva el fenómeno fan alimentado por grupos prefabricados formados por jovencitos o jovencitas, la mayoría sin demasiado talento, pero eso sí, guapísimos.


Ejemplos de cantantes y grupos de la década de los 90

Estilos tan influyentes como el grunge, el brit-pop, el chill out o la explosión de la música electrónica enriquecen y de que forma el panorama global.  La figura del Dj alcanza ya en algunos casos la consideración de superestrella.

Video 5Nirvana, como ejemplo de los años 90

Por nuestros lares la popularización del indie-pop y todo lo que rodea a la escena independiente, junto con la explosión masiva de la Ruta del Bakalao y el fenómeno After, ocupan los puestos más destacados a la hora de repasar dicha década.

A razón de esto último, un día que iba de invitado a una boda, debían de ser las dos del mediodía, cuando me puse en marcha hacia el convite en la vecina localidad de Sant Carles de la Ràpita. Pasé por delante de uno de estos establecimientos que carecían de hora de cierre y fui testigo de cómo su zona de aparcamiento estaba repleta de jóvenes/zombis brindando al sol. Esa imagen me hizo reflexionar, sin al final llegar a ninguna conclusión lapidaria, pero si sacudiendo los cimientos del concepto de la lógica que tenía por sentado hasta ese preciso momento.

Al final que nos queda, pues la reinvención de todo lo anterior en el principio del nuevo siglo. En los 2000 todo vuelve a su concepto más básico, con un enfoque alternativo.


Ejemplos de cantantes y grupos de la década del 2000

Vuelven sonidos como el synth-pop, el folk, el indie (nunca acabó de marcharse del todo) y hasta el rock gótico (hijo del new wave).


En el estado español se consolida el circuito festivalero provocando el flujo incansable de espectadores y incluso, en según qué caso, la multitudinaria presencia de gentes venidas del extranjero.

Video 6Depeche Mode, como ejemplo de los años 2000

A nivel local, Cataluña se convierte en un nido de grandes bandas emergentes con propuestas musicales de gran calidad y estilos diversos aunque focalizados en el pop y el folk rock. Una vez superada la etiqueta de rock català que apareció entre finales de los 80 y principios de los 90, el nivel y la cantidad de las bandas de este país resultan superlativos. Esto hace que, independientemente de la lengua, se expanda nuestro arte por allá donde haya gente con hambre de buen gusto, perdurando esa tendencia hasta nuestros días.


Las figuras del "caganer" son un icono de la cultura catalana

Con el concepto de la vuelta a los orígenes musicales seguimos en estos primeros compases del siglo 21. Los grupos ya casi no cuentan con los ingresos por venta de su obra, los cuales han disminuido de manera progresiva al aumento del número de ordenadores por cápita. La venta de entradas por las actuaciones en directo constituyen su mayor fuente de ingresos. El mercado cambia, pero lo que sí que afortunadamente no ha dejado de ocurrir desde la prehistoria del rock, es que constantemente se siguen creando buenos discos y naciendo propuestas musicales interesantes.
   
Resumiendo y poniendo énfasis en las tres últimas décadas, podríamos decir que los 80 fueron innovadores y excesivos, vaya, una barra libre abierta las 24 horas. Los 90 contienen los síntomas inequívocos de un buen resacón post-party a unos niveles inimaginables hasta la fecha. Para terminar, los 2000 resultan los abanderados de la era del reciclaje. Quien sobrevivió a la juerga pudo coger los restos de la bacanal y con ellos dar rienda suelta a su impulso creativo.

¿Se acuerdan de la posible moraleja del cuento que relaté unas líneas más arriba?, pues parece ser que ya la encontré. Lo realmente importante en la música, igual que en la vida, es que nos sirva para pasar un buen rato, sin más, esto debería ser suficiente.

Tenemos que buscar siempre, sin cejar en el empeño, ese rincón exquisito en el que podamos sentir, solos o con la mejor compañía, la felicidad infinita de poder saborear una preciosa melodía.

Y, si en algún momento fuera el silencio lo que nos apetece oír... pues eso:



Escrito por David Monserrat

miércoles, 4 de julio de 2012

Magnavox Odyssey, 1972: ¡Comienza la odisea!


Una de mis variadas aficiones son los ordenadores y videoconsolas antiguas... Me gusta, sobretodo, estudiar su historia y evolución. Para ello, dispongo de una pequeña colección de consolas de todos los tiempos: si queréis ver la exposición online de todos mis aparatos, os invito que os paséis por mi Web especializada:


Pues bien, este pasado mayo de 2012, se cumplieron 40 años del lanzamiento de la primera videoconsola doméstica de la historia: la Magnavox Odyssey. La importancia de esta efeméride (que, por cierto, coincide con el mes y año de mi nacimiento), el cariño que le tengo a esta máquina y el mayor respeto a su inventor, han sido motivos suficientes para que me haya decidido a dedicarle un artículo.
  
Mi Magnavox Odyssey (imagen de la Web Videoconsolas)

Pero antes de comenzar esta particular “odisea”, quisiera citar todos los juegos electrónicos que se hicieron previos a la Magnavox. Se trata de videojuegos no comerciales, creados bajo criterios y razonamientos matemáticos y de investigación.


La prehistoria de los videojuegos

El 25 de enero de 1947, Thomas T. Goldsmith Jr. y Estle Ray Mann, crearon el primer juego electrónico interactivo que se conoce. Se trataba de un dispositivo de entretenimiento de tubos de rayos catódicos que creaba la simulación de un radar de misiles como los usados en la Segunda Guerra Mundial. Este aparato utilizaba circuitos analógicos (no digitales) para controlar el haz del tubo y la posición del punto en la pantalla.

Esquema simplificado de un tubo de rayos catódicos

Jugar al Ajedrez contra un ordenador siempre ha sido un reto para los humanos, des de los comienzos de la computación. En 1949, Alan Turing y Claude Shannon diseñaron un programa para jugar al ajedrez que apareció en el artículo "Programming a Computer for Playing Chess" en el “Philosophical Magazine”, pero todavía no existía ningún ordenador suficientemente potente para poder ejecutarlo. En noviembre de 1951, el Dr. Dietrich Prinz, a partir del programa original, lo reescribió para la computadora Ferranti Mark I.
  
Dietrich Prinz, jugando a ajedrez con la Ferranti Mark I (1951)

El 5 de mayo de 1951 fue presentada, en el Festival Británico, la computadora NIMROD, también de Ferranti. Fue diseñada, exclusivamente, para jugar al NIM (el típico juego de palillos, objeto de profundos análisis en el campo de la teoría de juegos y la matemática combinatoria). Utilizaba un panel de luces como pantalla de juego.
  
Computadora NIMROD de Ferranti (1951)

En 1952, Alexander S. Douglas creó el primer juego de computadora que usaba una pantalla gráfica digital. Se trataba del juego OXO (Tres en Raya), diseñado para la computadora EDSAC de la Universidad de Cambridge. EDSAC, por cierto, se considera la primera computadora con almacenado de programas. Para el control de la partida del Tres en Raya, se utilizaba el típico marcador de teléfono giratorio.

 Operarios frente al “gigantesco” computador EDSAC (1952)

Otro tipo de videojuego creado en todas las generaciones de videoconsolas, son los que simulan un partido de tenis (os recomiendo el artículo de este blog llamado: La Evolución del Videotenis). En 1958, William Higinbotham creó un juego de computadora interactivo, llamado Tennis for Two. Lo programó, tan sólo, para entretener a los visitantes que, anualmente, se citaban en el “Brookhaven National Laboratory”. A diferencia de sus predecesores, a este tenis se juega con visión lateral, en vez de tener la visión aérea de los “Light Tennis” o la perspectiva trasera de los videojuegos más actuales.
  
Tennis for Two (1958) de William Higinbotham

Entre los años 1959 y 1961, se crearon una colección de programas gráficos interactivos para la computadora experimental TX-0 del “Massachusetts Institute of Technology” (MIT). Entre ellos, se incluían 2 juegos: el Mouse in the Maze y, de nuevo, el Tic-Tac-Toe (Tres en Raya). Para jugar con estos juegos, los usuarios interactuaban con la computadora mediante un lápiz óptico.

Computadora TX-0, en la Lincoln Lab Room del MIT (1959)

El último videojuego no comercial, previo a la Odyssey, es del año 1961. Lo crearon los estudiantes del MIT: Martin Graetz, Steve Russell, y Wayne Wiitanen. Se trata de un juego “de marcianitos” llamado Spacewar! Fue programado, como un proyecto a sus estudios, en la “minicomputadora” DEC PDP-1 (que, al igual que el Tennis for Two, usaba un sistema de gráficos vectoriales).
  
Videojuego SpaceWar!, para la DEC PDP-1 (1961)
 

Ralph Baer, el “Padre de los Videojuegos”

Hablar de la Magnavox Odyssey, es hablar de su creador: el genio Ralph Baer (que, de forma muy acertada, es apodado como el “Padre de los Videojuegos”). A la mayoría, quizás no os suene el nombre de este gentleman, pero todos, seguro, conocéis al archiconocido juego de memoria SIMON de MB Electronics... pues bien, el también fue su inventor.

Ralph Baer nació en Alemania el 1922, en el seno de una familia judía. Cuando los nazis ascendieron al poder, tuvieron que emigrar a los Estados Unidos. Ya en América, el joven Ralph, muestra un gran talento con los aparatos electrónicos. En 1940 se gradúa como técnico de radios y en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, ayuda a la alianza a combatir a los de Hitler en Londres, interceptando la radio de los alemanes, entre otras funciones de inteligencia militar.

En 1949 obtiene el título de técnico en televisores, trabajando para diversas firmas. En 1958, finalmente, se establece en la empresa Sanders Associattes hasta que se retira en 1987.
  
Ralph Baer (en la actualidad) mostrando a SIMON, su famoso juego de memoria

Pues bien, a mediados de los años 60, Baer comienza a darle vueltas la idea de incorporar juegos de serie, a los televisores que vendía Sanders Associattes. La propuesta fue rechazada por su empresa, al considerarla de poco interés...

En 1968 se le ocurre otra idea: crear un dispositivo externo de juego que se pudiera conectarse a un televisor. Baer la pone en práctica y fabrica, de forma totalmente casera, la primera consola de videojuegos. Para cubrir las “tripas” de la máquina, utiliza unas maderas de color marrón, que acabarán dándole el nombre al prototipo: la “Brown Box”.

A continuación, podéis ver un video, del año 1969, donde Ralph Baer (junto a Bill Harrison) nos hace una demostración de cómo funciona su “Brown Box”, probando el juego de “Tenis de Mesa:


A principios de 1971, Ralph presenta la “Caja Marrón” a su empresa. Ningún directivo muestra hacia ella demasiado entusiasmo… excepto Gerry Martin, un pez gordo de Sanders Associattes, que apoya su proyecto y consigue que le compre la licencia una empresa filial, llamada Magnavox, en marzo del mismo año.

Comenzaba así el desarrollo de la primera consola comercial que, a pesar que cambiaría completamente su exterior, la maquinaria interna sería prácticamente la misma que la del prototipo de Baer. Finalmente, a la “criatura” la llamaron Odyssey... El 27 de enero de 1972 comenzó su fabricación y, el 26 de mayo de 1972, se puso a la venta.

Consola Magnavox Odyssey firmada por Ralph Baer


Magnavox Odissey, la belleza de la simplicidad

La Odyssey es una videoconsola con una arquitectura interior increíblemente simple. Si analizamos sus características técnicas, observamos que no se alimentaba conectada a la red eléctrica: usaba 6 pilas del tipo C o LR14, algo que hoy día sería impensable en una consola de sobremesa... Este detalle da una idea de los escasos requerimientos del sistema.

Casi todos sus componentes son analógicos. No emite ningún tipo de sonido. Las tarjetas para cargar los juegos no tienen componentes internos (como, por ejemplo, los posteriores cartuchos), presentan unas marcas, en su superficie de contacto, que producen las conexiones entre los diferentes pines en la ranura de la Odyssey, trasladando así su información en forma de señal analógica al televisor. La Odyssey, también carece de capacidades de almacenamiento, por lo que no se pueden guardar partidas ni retener información (los jugadores tienen que recordar la puntuación).
   
Gráficamente, la simplicidad es absoluta: cuadraditos blancos sobre un fondo negro. Esta carencia fue suplida con la inclusión de unas superposiciones (“overlays”) de plástico translucidas que se pegaban a la pantalla del televisor y le daban color y viveza a los juegos. A continuación vemos el ejemplo del juego "Tennis", bajo la imagen fija del vinilo translucido del campo de tenis, se observan los verdaderos gráficos de la Odyssey: 2 puntos grandes para los jugadores y un punto pequeño para la pelota.


Gráficos simples de la Odyssey, bajo la superposición de plástico del juego "Tennis"

A parte de estos vinilos translucidos, la Magnavox Odyssey también incluía otros complementos que ayudaban a la inmersión de los juegos. Se trataba de objetos como: tableros, tarjetas, billetes, fichas, etc. que convertían a la primitiva consola, en unos verdaderos "juegos reunidos".
  
Caja original de mi Magnavox Odyssey

Si tenemos la suerte de disponer de una Magnavox Odyssey completa, al abrir su vistosa tapa ilustrada (como la de la anterior imagen), veremos dos bandejas de corcho blanco, apiladas una encima de la otra. En este par de contenedores de porexpán encontraremos guardada: la propia consola, sus accesorios, todos los complementos de los juegos y la documentación.
  
Contenedor superior (tarjetas, documentación, vinilos y complementos)

Contenedor inferior (Odyssey y accesorios para el funcionamiento de la consola)

Si hacemos inventario de esta amplia lista de componentes, en primer lugar, deberíamos tener: la propia consola y los accesorios para que pueda funcionar:
  • 1 consola Magnavox Odyssey
  • 2 mandos de juego (del tipo joywheels)
  • 1 cable para el televisor
  • 1 Interruptor de antena-juego
  • 2 Ganchos para colgar el interruptor de antena-juego
  • 6 pilas de tipo C (las originales eran de la marca: “Red-Lavel Eveready”)

Como soporte para la carga de los juegos, la consola usaba las primitivas tarjetas (sin componentes internos) que antes hemos comentado. Con el set original de la Odyssey, se entregaban media docena (numeradas del 1 al 6). Si nos fijamos con la siguiente lista, vemos los 13 juegos para que eran compatibles cada una de estas 6 tarjetas (los 12 juegos disponibles de serie, más el bonus game: “Percepts”):
  • 1 Tarjeta 1: “Table Tennis”
  • 1 Tarjeta 2: “Ski” / “Simon Says”/ “Percepts”
  • 1 Tarjeta 3: “Tennis” / “Football” (jugadas Pass y Kick off) / “Hockey” / “Analogic”
  • 1 Tarjeta 4: “Football”  (jugadas Play)  / “Cat and Mouse” / “Haunted House”
  • 1 Tarjeta 5: “Submarine”
  • 1 Tarjeta 6: “Roulette” / “Affairs of  States” 

Consola Magnavox Odyssey con sus accesorios y las 6 tarjetas de serie

Como anteriormente también se ha dicho, para dar mayor viveza a los juegos, se ajustaban a la pantalla del televisor unos vinilos translucidos. Con la Magnavox Odyssey, se entregaban 11 láminas (en 2 tamaños diferentes), más la pareja del bonus game: “Percepts”. Tan sólo el "Table Tennis", no utilizaba ninguna superposición para poder jugarlo.
  • 2 Superposiciones para el juego “Affairs of States”
  • 2 Superposiciones para el juego “Analogic”
  • 2 Superposiciones para el juego “Cat and Mouse”
  • 2 Superposiciones para el juego “Football”
  • 2 Superposiciones para el juego “Haunted House”
  • 2 Superposiciones para el juego “Hockey”
  • 2 Superposiciones para el juego “Roulette”
  • 2 Superposiciones para el juego “Simon Says”
  • 2 Superposiciones para el juego “Ski”
  • 2 Superposiciones para el juego “Submarine”
  • 2 Superposiciones para el juego “Tennis”
  • 2 Superposiciones para el juego “Percepts”

12 Superposiciones (en 2 tamaños) para ajustar a la pantalla del televisor

La sencillez de la maquinaria de la consola, obligaba a utilizar diferentes complementos para los juegos para hacerlos más atractivos. Los juegos de la Magnavox Odyssey, se convertían en un híbrido entre un videojuego y un juego de mesa. A continuación podemos ver todos los ítems que se entregaban con el pack original:
  • 1 Mapa de estudio para el juego “Affairs of States”
  • 1 Folleto de respuestas para el juego “Affairs of States”
  • 50 Tarjetas para el juego “Affairs of States” 

Accesorios para el juego “Affairs of States”

  • 1 Tablero para el juego “Football”
  • 1 Marcador de resultados para los juegos: “Football” y “Hockey”
  • 2 Balones para el juego “Football” (se entregan unidos al marcador)
  • 2 Medidores de Yardas para el juego “Football” (se entregan unidos al marcador)
  • 6 Tarjetas “Play” para el juego “Football”
  • 10 Tarjetas “Kick off” para el juego “Football”
  • 10 Tarjetas “Punt” para el juego “Football”
  • 20 Tarjetas “Pass” para el juego “Football”
  • 20 Tarjetas “Run” para el juego “Football”

Accesorios para los juegos “Football” y "Hockey"

  • 1 Tablero para el juego “Ruleta” (detrás del tablero del juego “Football”)
  • 16 Fichas azules para el juego “Ruleta”
  • 16 Fichas rojas para los juegos: “Ruleta” y “Analogic”
  • 18 Fichas blancas para el juego “Ruleta”
  • 100 billetes Odyssey de 5$ para el juego “Ruleta”
  • 100 billetes Odyssey de 10$ para el juego “Ruleta”
  • 100 billetes Odyssey de 50$ para el juego “Ruleta”
  • 100 billetes Odyssey de 100$ para el juego “Ruleta”

Accesorios para los juegos “Ruleta” y “Analogic”

  • 1 Cinta adhesiva (para enganchar las superposiciones al televisor)
  • 1 Lámina de pegatinas para los juegos: “Affairs of States”, “Cat and Mouse” y “Ski”
  • 2 Dados
  • 15 Tarjetas (color lila) para el juego “Percepts”
  • 15 Tarjetas (color verde) para el juego “Percepts”
  • 28 Tarjetas para el juego “Simon Says”
  • 13 Tarjetas “Secret Message” para el juego “Haunted House”
  • 30 Tarjetas “Clue” para el juego “Haunted House”

Accesorios para el resto de los juegos

Por último tenemos la documentación original entregada con la Magnavox Odyssey: 
  • 1 Manual de usuario (IB 2622)
  • 1 Tarjeta "Registration"
  • 1 Tarjeta "Thank You"
  • 1 Tarjeta "Notice"
  • 1 Hoja "How to get service"
  • 1 Hoja "Receive a free Odyssey Game!"
  • 1 Hoja de instrucciones del bonus game: “Percepts”

Documentación completa de la Magnavox Odyssey

Por último, tenemos las 2 tarjetas de inspección de la consola (una de ellas pegada en la parte inferior del aparato). Estos documentos son el verdadero certificado de autenticidad de nuestra Odyssey, en ambos casos ha de coincidir la información y encontraremos el número de serie y todos los datos técnicos y de control de fabricación de la máquina.

Tarjetas de inspección de la consola (deben coincidir todos los valores de ambas)


Odyssey… el “Dorado” de cualquier coleccionista

La Magnavox Odissey, a pesar de ser la primera consola comercial de la historia y no tener competencia (hasta 1975, con la aparición de Atari Pong) no tuvo el éxito esperado: se vendieron relativamente muy pocas unidades. Los motivos de esta poca aceptación fueron varios: en primer lugar, su elevado precio de comercialización (unos 100$ de la época); otro motivo fue que sólo fue vendida en almacenes Magnavox y, por si fuera poco, hicieron correr el rumor que sólo funcionaba en televisiones de su marca.

A continuación, podemos ver los 2 anuncios televisivos de la Odyssey (emitidos en 1972 y 1973 respectivamente) y, al final del vídeo, la presentación de la consola al conocido programa estadounidense “What’s My Line?” de la CBS:


Pues bien, de estos pocos ejemplares que se vendieron a principios de los 70, actualmente quedan muy pocos en buen estado. Por tanto, tener hoy una Magnavox Odyssey completa y funcionando representa un verdadero tesoro para cualquier coleccionista.

Mi unidad, si miráis en mis tarjetas de inspección de la consola, es de las primeras que se fabricó (modelo 1TL200 BLAK), salió de fábrica en agosto de 1972, su número de serie es el 7451921. Está impecable, funcionando y con todos los accesorios.

La gané en una subasta por Internet (yo puse el precio de cierre en el último segundo, cogiendo por sorpresa al resto de pujadores). Fue sobre las 4 de la madrugada (hora española) del 24 de junio de 2008. El anhelado aparato me salió por sólo 124$... ¡increíble!, no os podéis imaginar, a esas horas intempestivas, los botes de alegría que di con mi mujer, al saber que había ganado: ¡pero que ilusión!, ¡que gran suerte! A día de hoy, es difícil conseguir una Odyssey… las pocas completas que he visto a la venta llegan a pedir verdaderas barbaridades (¡hasta 3000 dólares!). El subastador, un cordial vendedor profesional de North Olmsted (Ohio), me asesoro en todo lo relativo a la histórica consola que acababa de ganar y la protegió, con exagerada delicadeza, para que pudiera recibirla en mi casa como nueva.



Y aquí finaliza esta odisea… pero no acaba la gran epopeya que provocó el nacimiento de esta máquina, hoy ya cuarentona… no termina esta fructífera saga que nos ha llevado al umbral de las puertas de la octava generación de consolas de sobremesa.

¡Felicidades Mr. Ralph Baer! ¡Felicidades Magnavox Odyssey! 

sábado, 16 de junio de 2012

Los amigos caben en un carrito de bicicleta

Como sabéis, uno de mis hobbies es restaurar bicicletas. Por otra parte, ya desde pequeño, siempre tuve la ilusión de tener un carrito de esos para ser arrastrados por un ciclo (como el que utilizaba Pancho en la serie televisiva española, de los años ochenta: Verano Azul). Pero soy consciente que  estos remolques son caros y, actualmente, para mí no tienen ninguna utilidad práctica... es decir: simplemente sería un mero capricho.

Los protagonistas de la serie Verano Azul sobre sus "miticas" bicicletas

Pues bien, a principios de este año, me regalaron un ruinoso y oxidado carrito para bici. En seguida comencé a pensar como restaurarlo… hice cuentas y la restauración era inviable ya que, debido a su pésimo estado, los gastos que generarían la mano de obra de especialistas y los materiales usados, sumarían más que comprar otro nuevo… ¿Fin de la historia? ¡No! Al saber mis intenciones, mucha gente de mi alrededor, se volcaron para ayudarme. ¡Todos de forma desinteresada!, todos quisieron subirse a este carro, para hacer juntos realidad mi anhelado y pertinaz sueño.

En primer lugar, quisiera dar las gracias a la familia Rodríguez Portillo por regalarme el carrito viejo y, con él, la ilusión de poder darle otra oportunidad a ese denostado remolque. Quiero agradecerles, públicamente, su hospitalidad… porqué siempre me hacen sentir uno más de la familia cuando voy a su finca del barranc de la Vall del Pastor.
  
Estado decrépito en que se encontraba el carrito cuando se me entregó

Bueno, lo primero que hice fue desmontarlo: saqué una cadena que venía colocada en la parte trasera del remolque (y que substituía una barra de hierro travesera perdida antaño), desarmé la pesada y podrida caja de madera y, por último, descarté las inaprovechables ruedas (con la llanta totalmente descantillada y abierta). Ya, con sólo el chasis del carrito, me fijé que los tubos: estaban muy oxidados, con abolladuras y con los orificios de los extremos sin sellar… pero podría salvarlos, excepto la barra inferior trasera, que estaba doblada y en muy mal estado (como se ve en la anterior foto).

Tocaba buscar 2 barras de hierro (de igual diámetro que las del chasis) para substituir la doblada en mal estado y la travesera perdida. Fue el pintor y escultor Toni Camarasa (www.tonicamarasa.net) quien me dio estos dos tubos: encontrados entre el material de reciclaje que utiliza para la creación de sus obras.

Escultura con hierros reciclados del artista Toni Camarasa

El siguiente paso era soldar las barras al chasis… Aquí entro en escena mi amigo Santi Diaz (gran conocedor y amante del bricolage). Cordialmente, me invitó a su casa un sábado por la mañana… después de desayunar una buena parrillada, se puso manos a la obra: primero cortó con la radial el tubo viejo a substituir, luego cortó a medida las 2 barras a restituir y, por último, las soldó en el sitio correspondiente del remolque.
  
Santi soldando las dos nuevas barras traveseras al chasis del carrito

Hasta ese día, todavía no sabía si ponerle al carrito una caja nueva o sólo una base (para así aligerarle peso). Santi me solucionó esa duda: buscó por su almacén y encontró dos retales de plancha de acero galvanizado. No tan sólo me los regaló que, encima, los cortó a medida con la radial y los soldó fuertemente, como base para el remolque.
  
Planchas de acero galvanizado soldadas (vista desde abajo del remolque)

Con el trabajo impagable del bueno de Santi, mi carrito ya empezaba a tener forma... Ahora tocaba tapar las aberturas de los extremos de los tubos y cubrir las pequeñas abolladuras de su superficie. Para ello me asesoró otro artista: Jordi Pascual Morant (www.pascualmorant.com). Jordi, especialista con trabajos con resina de poliéster, me regaló un frasco de masilla fina de poliéster para coches y un tubo de pasta BPO (compuesta por peróxido de dibenzoílo). Con estos 2 componentes, pude amasar la masilla para cubrir y tapar todas las imperfecciones del chasis. 

Masilla aplicada a las pequeñas abolladuras y a los extremos abiertos de los tubos

Una vez terminado el enmasillado, era momento para hacerle al carrito las perforaciones que necesitaría para ponerle, posteriormente, algunos de sus accesorios…Con mi taladro eléctrico y una broca para metal del número 5, hice cuatro agujeros para la colocación de los 2 catadióptricos triangulares traseros. Después, con una broca para metal del número 13, realicé un orificio en la plancha para poder pasar el tornillo de un caballete plegable.

Agujero del 13  practicado en la plancha, para la colocación de un caballete plegable

Llegó el momento para dejar el chasis a punto para el pintado. En primer lugar, con una lima para hierro, alisé todos los salientes y rebabas de los tubos. Después, usando más el tacto que la vista, me enfrasqué sobre el óxido y los sobrantes de la masilla, con un papel de lija fino (de 150) . 

Tubos lijados y salientes limados: todo preparado para la imprimación

Para pintar el remolque me dejé ayudar por una empresa puntera en el sector y referencia en todo el país en aplicaciones industriales y decorativas: Aplindec, S.L. (www.aplindec.com). Su gerente, Emmanuel Gordo, me asesoró como debía tratar la superficie, así como pintarla de forma correcta en posterioridad. A parte de esta valiosa información, me dejó desinteresadamente un pote de imprimación y otro de esmalte metálico.

Ya en mi taller, extendí en las barras de hierro y sobre la plancha de acero galvanizado, una capa de la “Imprimación multiuso para superficies de difícil adherencia”. Para hacerlo, utilicé un pincel fino para los tubos y un rodillo pequeño para la plancha. 

Imprimación aplicada a los tubos y a la plancha de acero galvanizada

Tocaba pintar el remolquito... Para ello utilicé el pote de “Esmalte metálico antioxidante (gris forja)” que también me cedió la empresa Aplindec. Otra vez utilicé un pincel para pintar los tubos y un rodillo pequeño para la chapa. Le apliqué 2 capas.

Aplicación del esmalte gris forja al cuerpo del remolque

Acabadas las tareas de pintor, me lancé con el montaje de los accesorios. Lo primero era encontrarle unas ruedas nuevas… para ello, aproveché las de una vieja bicicleta de montaña infantil. ¡Eran perfectas! Su tamaño (20x1,75), mucho mayor que el original, se ajustaba, perfectamente, al hueco dejado por los tirantes del remolque. Su llanta de aluminio, le ofrecía mayor ligereza al conjunto y las cubiertas, típicas de “mountain bike”, le daban una imagen renovada y más moderna al carrito.

Para que las ruedas, al ser montadas, quedaran más estéticas y simétricas, le saqué el piñón (ya que para usar en un remolque, esa pieza queda inservible). Para este proceso me ayudó, desinteresadamente Iván, mecánico de bicicletas de Fàbregues.


Rueda trasera de la mountain bike infantil, con el piñón extraído
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En una bicicleta, el ancho de los ejes de la rueda delantera y trasera son diferentes: el eje trasero es más largo, precisamente, para poder llevar montado el piñón... en cambio, en un remolque, el espacio para la colocación de las ruedas suele tener la misma separación. En mi carrito, esta distancia coincide con la del eje mayor de mis ruedas. Así pues, para igualar la distancia más corta del eje de mi rueda delantera, respecto la trasera, le coloqué bien ajustadas, a cada lado de este eje corto, 2 tuercas para darle así el grosor necesario.

Los anteriores propietarios no debieron tener en cuenta estas diferencias y, al apretar las tuercas de la rueda del eje menor, doblaron y deformaron considerablemente el tirante derecho del remolque. Para enderezarlo (con sumo cuidado) utilicé el gato mecánico de mi coche, accionándolo lentamente hasta conseguir dejar perfectamente enderezado dicho tirante.

Enderezando el tirante derecho del remolque (con el gato mecánico del coche)

A parte de las ruedas, como podemos ver en la siguiente imagen, necesité algunos pocos accesorios más para el montaje del carrito: los dispositivos ópticos, las piezas para el enganche y un caballete plegable (del tipo pata de cabra) pensado para dejar nivelado el remolque, al desengancharle la bici:
  
Todos los accesorios utilizados para el montaje del remolque

La mayoría de estos accesorios los tenía en el “cajón de sastre” de mi taller: las 2 ruedas, los 2 catadióptricos delanteros (blancos), una de las 2 luces traseras rojas (de tipo led), el caballete plegable, las correas de amarre y el enganche para la tija del sillín de la bici “tractora”.

Por cierto, mi enganche (con palometa), es un artilugio que encontré tirado en una cuneta, desconozco su función real, pero a mi me ha ido de maravilla, siendo una pieza estable, segura y de fácil ensamble.

Detalle del enganche situado en la tija del sillín de mi bici plegable

Pues bien, a continuación, podéis ver diferentes fotos del antes y después de la restauración (clickad para ampliarlas):





Hacer realidad este remolque para bicis es hacer realidad aquel sueño de mi niñez...
  
Mi carrito y yo

¡Disfrutemos la vida!, disfrutemos de la gente que nos rodea, disfrutemos de este preciso instante… Dejemos siempre abierto nuestro pequeño carro, para que todos (bien apretados) podamos subir en él y compartir el camino tortuoso de la vida.